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Fernando Luis Egaña

La torta biométrica

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Las instrucciones de Maduro sonaron a decreto supremo: “Está ya dada la orden para que se proceda al establecimiento del sistema biométrico en todos (...) los establecimientos y redes de cadenas distribuidoras y comerciales de la República”... No sé por qué la cosa se me pareció al célebre decreto de Mugabe prohibiendo la inflación en Zimbabue.

O mejor, si sé: organizar y aplicar un sistema gubernativo-burocrático para someter a autenticación y autorización biométrica a todas las compras de todos los productos que todas las personas hagan en toda Venezuela todo el tiempo, tiene que ser una pretensión similar a la de “prohibir” la inflación al estilo Mugabe.

Pero más allá del surrealismo del asunto, o del hiperrealismo de los negocios y comisiones al respecto de las captahuellas y sus etcéteras, o del previsible agravamiento de la pandemia de carestía y escasez que se padece en Venezuela, todo ello no hace sino confirmar que el país está desgobernado por un grupo de personeros que lo han sumido en una megacrisis de profundidad insondable, y que además no tienen la menor idea de qué hacer o dejar de hacer para que haya la posibilidad de salir de la mega crisis.

Y peor: si algunos de esos personeros tuvieran alguna idea que valiera la pena, carecen de la voluntad para llevarla a la práctica. Están todos atrapados en su gran demagogia, en su gran corrupción, en su gran conflicto por lograr el control de la hegemonía. Y mientras tanto, el país cayéndose a pedazos, pero, ¿hasta cuándo?

Luis Ugalde tuvo razón al utilizar la imagen del quirófano, en dónde la alternativa a operar es la muerte del paciente. Porque no nos hagamos ilusiones: la megacrisis está destruyendo la viabilidad de Venezuela como nación independiente, como nación capaz de proveer una vida digna a su población. Y eso no es una amenaza o una eventualidad que podría darse o no darse en un futuro cercano. No. Todo eso es la realidad principal del abajamiento venezolano.

Y los dueños de la hegemonía se empecinan en su irresponsabilidad, su saña y su depredación. Esto de los “sistemas biométricos” es una enésima expresión del mismo mal. Uno que supera los límites de las ínfulas ideológicas, y que tiene mucho que ver con una manera barbárica de entender y ejercer el poder, y de utilizarlo como un instrumento de dominación del conjunto social; como una jaula seudo-institucional pero con barrotes y cerrojos de “apariencia democrática”.

Porque en la Venezuela del siglo XXI se han manipulado las formas de la democracia para establecer un proyecto despótico y depredador de dominación que, increíblemente, todavía es defendido por muchas de sus víctimas. Una dominación que no ordena sino desmantela, no construye sino aprisiona, no potencia sino caotiza. Verbigracia, la pandemia de carestía, escasez y penuria, ahora pretendidamente enfrentada con la biometría informática...

La torta biométrica, si es que efectivamente se termina de poner, expresa, repito, la gravedad de una crisis que provoca saturación, aturdimiento, incluso resignación y hasta complicidad, y desde luego que también los deseos de salir del país, sobre todo para los jóvenes que no encuentran un destino humano en su propia patria. Ojalá y estas líneas supusieran una exageración o una dramatización desproporcionada de la realidad venezolana. Pero no creo que sea así. Acaso se quedan cortas ante lo que hay y lo que puede venir.

flegana@gmail.com