• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Ildemaro Torres

De tiempos e historias

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando el hombre creó los medios y las formas de medir el tiempo y el espacio, dio respuesta a la necesidad humana de tener  referencias; se entiende así que en lo cronológico hasta le confiramos calidad mítica a ciertas fechas, como sucedió y es ejemplo ilustrativo, con el año 2000, cuya llegada  parecía tener para muchos connotación de acto de prestidigitación, en cuanto a que ella pondría un alto a toda la vida previa y marcaría el estreno absoluto de un nuevo destino, como si nos aguardaba un gran salto a lo distinto.

Y no era sino simple futuro, la conocida sucesión de días que nos ha traído a donde estamos y a lo que somos. Se nos trata a base de malabarismos verbales, y se busca deslumbrarnos, consolarnos, disuadirnos y, sobre todo, distraernos, con predicciones, grandes anuncios y supuestos análisis prospectivos. Nuestras expectativas de lo que sucederá entonces y de la inserción en esas circunstancias diferentes, así como cualquier “ejercicio de anticipación imaginativa”, tendrán más asidero en la realidad y serán más cercanas a lo factible, cuanto más ahondemos en el conocimiento del presente que nos envuelve, lo cual debe comenzar con la no aceptación de tales y tantas manipulaciones cotidianas y burdas.

Es inevitable asociar el paso de los años a la idea de un avance hacia grados superiores  de desarrollo, y así debe ser en términos de  progreso humano, de una mayor densidad conceptual, sobre todo en una era de tan considerables logros científicos y tecnológicos; aspirando asimismo a que la entrada a nuevas épocas signifique haber dejado atrás problemas y carencias básicas; unidos tales alcances al cultivo de, y apego a, altos valores éticos

Son muchas todavía las evidencias de nuestro atraso. El suministro regular de agua potable y un sistema de comunicaciones eficiente, son dos signos mínimos de civilización, como lo es el cumplimiento por parte de un Estado, de su obligación de garantizarle educación y salud a la población. Las estadísticas de  la llamada “patología del subdesarrollo” son realmente alarmantes, y es manifiesta la indefensión ante cualquier emergencia sanitaria; con una negatividad sumada como lo es la militarización del país aupada por el chavismo.

La misma curiosidad que nos llevó desde nuestros orígenes a observarnos y observar el mundo circundante, determina el reconocimiento a la significación de la historia y la emotiva dedicación a ella. Hay historias múltiples: la medicina tiene la suya, igual la ingeniería y toda disciplina científica o humanística, y cada una en rangos  universal y nacional; en todos los casos, además de la necesidad de permanencia que requiere y busca el recurso de lo escrito, de lo grabado, existe la aspiración individual, íntima, de llegar a ser alguien a quien se aplique la expresión “hacer historia”; lo dice sabiamente uno de los cantos de Huexotzingo: “¿Solo así he de irme?/ ¿como las flores que perecieron?/ ¿nada quedará en mi nombre?/ ¿nada de mi fama aquí en la tierra?/ ¡Al menos flores, al menos cantos!”. 

Las luchas independentistas también tienen historia propia, que nos es enseñada con saturación de nombres de lugares, batallas y fechas, sin análisis. Disponemos de una bibliografía resultante de una visión a distancia, en uso de la llamada perspectiva histórica que el paso de los años hace posible, con la mitificación de unos cuantos próceres intocables; requiriéndose cual contraparte de esa actitud, plantear una revalorización con justa mención de quienes en efecto cumplan un rol protagónico de merecido reconocimiento en lo constructivo, incluidos como parte que somos de una colectividad, en las crónicas que dan cuenta de la vida a lectores deseosos de saberlo.