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Atanasio Alegre

El tiempo especulativo

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¿Para qué clase de cosas existe el tiempo y para qué otras, no?

Alfred Döblin

 

Cuando el doctor Schwöhrer, que asistió en el trance de la muerte a Chéjov, comprobó –según cuenta Raymond Carver en su relato Tres rosas amarillas– que el enfermo había fallecido, dio el pésame a Olga, la esposa de Chéjov, cerró el maletín y salió de la habitación. Y de la Historia.

Pero por la época en que se escribió el relato, la historia solía volver como ruptura, biografía o recuerdo. Fue la época en la que Alexander Kruge filmó la película El ataque del presente contra el resto del tiempo. Kruge consideraba que el tiempo se disparaba como una flecha desde el pasado al presente y de ahí al futuro.

Las cosas han cambiado. Lo que el pasado arroja ahora sobre nuestro presente son atavismos, anacronismos y miedo; miedo al terrorismo y a la extinción de la libertad. ¿Qué pasa entonces con el presente?

De acuerdo con la tesis El complejo del tiempo. La postcomtemporeidad, de la que son autores Armen Avanessian y Suhalil Malik y que circula en Alemania en forma de libro, no vivimos en un tiempo nuevo o en un tiempo acelerado, sino que es el tiempo el que ha cambiado de dirección. Ya no tenemos un tiempo lineal en el sentido de un pasado del que surge un presente al que sigue un futuro. Es al revés, es el futuro el que genera el presente. Cuando la gente caiga en cuenta de que el tiempo ha salido de sus cauces y no como venía siendo, va a resultar problemático adaptarse a vivir en un tiempo especulativo o en una temporalidad especulativa. Es lo que enuncia la tesis de Avanessian y Malik.

Vamos a ver si soy capaz de resumirla.

La razón por la cual es preciso una nueva reorganización del tiempo se debe a la complejidad por la que ha comenzado a funcionar la sociedad contemporánea. La dimensión de tal complejidad sobrepasa la que fue anteriormente la experiencia humana que servía de indicador de ruta en este caso.

Las redes sociales, los big data, la aplicación de algoritmos y el resto de metodologías para valorar las actitudes de la gente ante determinados acontecimientos realizados o por realizar está cambiando las formas de convivencia social, comenzando por la política. Ello quiere decir que la lógica que nos servía para interpretar determinadas actuaciones ha perdido su primacía y como la base de su argumentación dependía temporalmente del pasado o del presente, el antes y el ahora no solo pasan a un segundo plano, sino que pueden llegar a su fin por la falta de utilidad que ofrece para la resolución de problemas. Si esta forma de interpretar la realidad ha fracasado, fracasa igualmente la interpretación o lo que conoce como la semántica de los hechos. De modo que bien podría enunciar: Todo pasado fue un futuro. Todo futuro será un pasado.

Esto en cuanto a la organización socio-técnica de la sociedad. Pero teniendo esto en cuenta, habría que preguntar: ¿Cuál es la característica de una sociedad a la que determina la previsión de lo que ocurra en el futuro para que funcione dentro de unos postulados lógicos? Sabemos que el presente está condicionado por la forma precursora que tengamos de organizarlo valiéndonos del sufijo pre. Pre significa anticiparse a la política, a la economía, a la información, a la enfermedad.

Después de explotar una bomba terrorista con la catástrofe que implica, lo que  procede es capturar al terrorista que la ha colocado. Pero ¿no hubiera sido más eficaz la acción anticipatoria que habría evitado la catástrofe? La aprehensión del terrorista es una forma recursiva de actuar; la segunda, anticipatoria. Para ello, la policía adopta una actitud pre, para adelantarse a lo que pueda suceder en el presente recurriendo al futuro. En ese caso, el presente no viene del pasado, sino del futuro. Es lo que los ingleses denominan una prc. detention. A una lógica recursiva la suplanta una lógica anticipatoria.

Esa forma precursora de proceder es la del industrial que monta una empresa para obtener ganancias. Pero, para llegar al resultado deseado, deberá manejar anticipatoriamente variables tales como la instalación de la fábrica, la selección de los operarios, la materia prima, etc. La mina de la que va a extraer todos estos elementos de acción es el futuro no el presente. Este un ejemplo a pequeña escala, ¿pero qué pasa cuando a gran escala mediante un algoritmo es posible –como hace Amazon– llegar a determinar la conducta de un individuo frente a determinadas preferencias? Pues, sucede que es ya posible determinar la personalidad precursora de un individuo, es decir, su pre-personalidad.

En este sentido, lo contemporáneo se convierte en pos-contemporáneo. El presente queda en ese caso reducido a un dato meramente especulativo.

En resumen. No disponemos de un tiempo lineal en el sentido de un pasado al que siguen el presente y el futuro. Es al contrario: el futuro acontece antes del presente, el tiempo está determinado por el futuro.

Los autores de este libro-folleto vienen a ser el mascarón de proa de un grupo de pensadores jóvenes adscrito a las nóminas de algunas de las universidades e institutos más famosos del mundo que previamente habían alzado la voz contra lo que llaman el neofeudalismo capitalista, esa conjunción de dinero y poder que maneja de manera especulativa la riqueza en la actualidad. Si bien no todo aquel que es anticapitalista es de izquierda, este grupo lo es con matices. Pertenecen a una izquierda en la que manejan hábilmente los mecanismos de la falsación, evitando los viejos sofismas de la izquierda tradicional. Su forma de razonar, más que abstracta, es vital. La razón vital. Y de ahí la incomodidad que significa para ellos el presente como la no realización de aquello que como promesa –como pre– suele ofrecer la izquierda antes de llegar al poder.

El segundo problema que suele tener la izquierda –la radical, de manera específica– es que, con el poder en la mano, al no ser capaces de dar cumplimiento a las promesas mediante las cuales adelantaron un futuro promisor, vuelven a renovar promesas. De manera que lo suyo no es estar, es permanecer en el poder y para ello, en vista del fracaso del presente, necesitan el futuro.

Esa interpretación del tiempo como algo especulativo no es del todo descartable, pero viene a ser, sin duda, una verdad a medias o cuando menos comprometida, cuando se pretende excluir de la conducta humana tanto lo que condicionó al individuo en su pasado, incluyendo lo que arrastra de sus antecesores, como la influencia ambiental a la que está sujeto. La conducta humana  va más allá de la pretensión de pretender anclarla de una manera tan definitiva en el futuro, en lo que está por venir.