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Andrés Cañizález

Cuatro tendencias del endurecido 2013

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Estamos en las semanas finales de este endurecido año 2013. Y escogí esta imagen para resaltar que en muchos ámbitos ha sido un año duro para la vida nacional. En nuestro caso, centrándonos en la dimensión de la libertad de expresión y el derecho a la información, fue sin duda un año de retrocesos marcados. Hace algún tiempo los colegas del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) escogieron la definición de asfixia, en uno de sus informes, para describir el contexto venezolano en materia de medios de comunicación y su compleja relación con el poder político.

En este 2013 la imagen de asfixia cobra mayor validez cuando se observa lo ocurrido en estos meses. La asfixia de la crítica pública, que es lo que se ha venido manifestando, pasó de un paulatino cerco a un acelerado endurecimiento este año. Cuatro tendencias me permiten desglosar algunos de los problemas más serios.

La voz de la alternativa democrática sufrió severo blackout. La cobertura mediática “en vivo y directo” de las actividades políticas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), así como de sus dirigentes y partidos, desapareció de la pantalla televisiva nacional. Obraron dos factores. Por un lado, el cambio de propietarios en Globovisión (sobre esto volveremos luego) que privó a la alternativa de una tribuna sin duda favorable para conectarse con el país. La televisión sigue siendo en Venezuela la dimensión que puede articular discursos con alcance nacional.

Eso, sin duda alguna, impacta negativamente especialmente para la proyección nacional del liderazgo alternativo. Junto al cambio radical que registró Globovisión, el gobierno de Maduro lanzó una ofensiva –literalmente- para lograr invisibilizar a las voces opositoras, y en especial se actuó contra Henrique Capriles Radonski.

Hubo emplazamientos públicos, reuniones privadas y la moneda más corriente de las últimas semanas, las llamadas telefónicas por parte de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL). No puede hablarse de autocensura (los medios no sacaron de pantalla a Capriles por decisión propia), sino de una clara política de censura oficial, en un clima de chantajes y amenazas.

Los medios cambian de mano en operaciones nada transparentes. El principal canal informativo de la televisión nacional y el más importante holding de medios impresos fueron vendidos en este 2013. Las razones dadas por los propietarios salientes difieren sustancialmente, en lo que sí hay puntos de comparación es la participación nada transparente de un sector financiero que no estaría financiando estas compras sino actuando solamente como testaferros de figuras del poder político.

Desde mi punto de vista, el que prominentes hombres del “proceso” estén detrás de estas operaciones y que eso ocurra en este momento político, pone sobre el tapete la inevitable transición que ocurrirá en el país, y ante la cual estas figuras se preparan con medios que puedan defenderle en la discusión pública.

Nicolás Maduro se apertrecha comunicacionalmente para contrarrestar el rápido desgaste de su gobierno. Hace algunos años era difícil imaginar que una figura política pudiese superar la presencia mediática del fallecido presidente Hugo Chávez. Pues Maduro lo ha logrado en pocos meses: en promedio aparece 29 minutos diarios en cadena nacional, a lo que debe sumarse otros 90 minutos –en promedio- de la transmisión por VTV de sus alocuciones.

Dos horas diarias, incluyendo los fines de semana, está “al aire” Maduro. Mientras el país va por el despeñadero, y aumenta el rechazo a su gobierno, el presidente en funciones privilegia la dimensión mediática para construir una seudo-realidad comunicacional.

Le llegó la hora a la prensa escrita. Tras alcanzar un control efectivo sobre los medios radioeléctricos y tener algunas tenazas en contra de medios digitales (incluyendo el corte de Internet en el país, como se ha ensayado), en este 2013 le llegó de forma mucho más orquestada una campaña para controlar a los medios impresos del país, que son una suerte de última frontera en materia de expresión crítica e independiente.