• Caracas (Venezuela)

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José Carlos Aleluia

¿Por qué tardamos tanto en darnos cuenta?

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Brasil y el mundo presenciaron este año la expulsión ignominiosa de una comisión pluripartidista de senadores brasileños de Venezuela. Además de la agresión a nuestro país, la escena de representantes de la Alta Cámara nacional, hostilizados por milicias bolivarianas e impedidos de cumplir la misión democrática de visitar a los presos políticos venezolanos, reveló las garras de la truculenta y repugnante dictadura del presidente Nicolás Maduro.

Al enterarse del referido atentado a los valores democráticos y de la violencia y humillación sufridas por los representantes brasileños, toda la oposición fue, de inmediato, a la tribuna del Congreso Nacional a demandar una actitud de la presidente de la República, Dilma Rousseff. Desafortunadamente, al no reaccionar apropiadamente, el gobierno brasileño demostró su complicidad con la dictadura venezolana, lo que, debo confesar, no me sorprendió.

Desde hace tiempo, denuncio el Foro de São Paulo. Esa entidad supranacional, creada por Lula y por los dictadores Fidel Castro y Hugo Chávez, tiene como objetivo someter las naciones latinoamericanas, por vía del populismo, a un poder totalitario que suprime la democracia. El episodio ocurrido en Venezuela con los senadores brasileños ha demostrado a millones de brasileños cuán peligroso es el Foro de São Paulo.

La era Lulopetista ha alterado la máxima del barón del río Branco que decía: “En todo lugar, el Brasil en primer lugar”. Bajo la gestión de Marco Aurélio Garcia, asesor especial para Asuntos Internacionales de la Presidencia de la República, ese lema fue suplantado por: “En todo lugar, el Foro de São Paulo en primer lugar”. Abandonamos una política externa internacionalmente reconocida y caracterizada por prudencia y eficiencia, y la remplazamos por una diplomacia de aventuras y sueños megalómanos, como ejemplifica la tentativa frustrada de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Desde 1990, cuando fue fundado en La Habana, el Foro de São Paulo viene subrepticiamente construyendo una articulación internacional entre los partidos de izquierda de Latinoamérica y organizaciones criminosas, como las FARC. Ese modus operandi tiene entre sus directrices el internacionalismo, uno de los principios básicos del pensamiento de izquierda, exhortado por Karl Marx y Friedrich Engels en el Manifiesto comunista: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. La patria no importa más. Ni siquiera la nuestra.

Para el Foro de São Paulo, Brasil no es relevante. Más importante es la “Gran Patria”. Es este el motivo por el cual el gobierno brasileño dilapida el fundo de pensión de los Correios, el servicio postal brasileño, invirtiendo arriesgadamente sus recursos en proyectos sospechosos en Venezuela. Es ese mismo motivo que lleva al gobierno a hurtar recursos públicos y a malgastarlos en el financiamiento de campañas políticas de aliados en toda Latinoamérica, mientras una plétora de proyectos que son del interés del pueblo brasileño están paralizados.

El rey está desnudo. No podemos olvidarnos de que, en 1933, judíos y muchas otras personas honestas y defensoras de la democracia, como los conocidos apaciguadores ingleses y americanos, se mantuvieron pasivos mientras Hitler ascendía y, con él, sus venideras atrocidades. La historia se repite. En 2007, yo mismo he oído de un importante funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos que Chávez era inofensivo por ser un fanfarrón. Pues hoy, miren ustedes, presenciamos la tragedia venezolana que se propaga por toda Latinoamérica.

Cuando un ex presidente se refiere al Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), una aglutinación de bandoleros, como a “un ejército”, la luz amarilla del semáforo se enciende. Cuando el mismo ex presidente sigue libre después de haber dicho que el gobierno que apoya es “un gallina” por no obstruir el trabajo del Ministerio Público Federal, de la Justicia Federal y de la Policía Federal, estalla la luz roja del semáforo. Estamos, pues, en la antesala del chavismo y delante de un Lula-lobo disfrazado de Lula-oveja.

 

*Diputado federal y presidente estadual del Partido Demócrata de Brasil

jcaleluia@uol.com.br