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Juan Carlos Gardié

De la talanquera al caimán del Orinoco

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De la talanquera al caimán del Orinoco                                                                                                                                  

(Realidad absurda)

Mi vecino chavifundamentalista se emborracha en su casa religiosamente todos los viernes desde mediodía y continúa su idilio con los vapores etílicos hasta el domingo en la mañana, cuando su alma, seguramente roja, se torna cobriza y su cuerpo no soporta una burbuja más. Grita dramático desde su balcón: “Escuálidos ratas, cacerola no tumba gobierno” y se ríe cual sátiro ebrio alucinado, entre eructos y mala dicción, mientras apenas alcanza a murmurar cosas ininteligibles, seguramente derivadas de su beoda circunstancia, penosa por demás. El pasado viernes, luego de esputar el ya referido parlamento, agregó: “La oposición oligarca quiere acabar con la gloriosa República Bolivariana de Venezuela, aquí no hay escasez de nada. En mi casa tengo de todo, cuerda de traidores, lambucios, pitiyanquis”. En segundo plano auditivo, como en radionovela de los años 50,  se escuchó con autoridad la voz de su esposa: “Caaaaaaaaaallate”. Ella es ahora la Mahuampi Acosta del edificio. La protagonista, y como en toda radionovela uno es libre de imaginar lo que quiera con solo oír.

Yo digo que la heroína lo lanzó sobre el sofá de la sala y lo obligó a tomar un café cerrero. Luego le zampó una sopa y a dormir esa rasca. Después, ella apagó el aparato de sonido que hacía retumbar a Rubén Blades, lo que me hace pensar que el agraviado nunca supo que ese salsero ya no está en el repertorio de su actual líder con bigotes de charro y connotados fracasos en el ciclismo de avenidas, entre otros. Ese viernes, tontamente pregunté a mi esposa si en la casa la alacena estaba llena y ella simplemente abrió los gabinetes de la cocina. Aquello, francamente, me asustó por lo aireado que estaba. El sábado fui temprano a uno de esos mercados especiales del gobierno y al ver la roloe’cola le pregunté a la señora que tenía más cerca: “Misia, ¿toda esta gente va a comprar los productos que no se encuentran en otros sitios? Ella contestó: “Este heroico pueblo del eterno ve una cola y se mete, señor. No importa si llueve o el sol nos quema el coco. Si hay cola, al final hay abastecimiento de algo. No importa lo que sea. Siendo así, por consiguiente, no hay escasez”. No entendí nada. Ella repitió algo que le enseñaron, lo cree y así obtiene su parte de patria. Ni siquiera pude balbucear.

“Epa, mi artista, ¿Qué haces en esta cola? ¿Tú no brincaste la talanquera, pues?” Se trataba del llamado “Comandante tiramaltica”, ex compañero de estudios y luchas en el Pedagógico de los 70. Su apodo obedece a su costumbre de tirarle botellas a los policías desde el comedor. Le repliqué: “Yo no he brincado talanquera, Tiramaltica, pero gracias por sacarme del estado pétreo en que me dejó esa doña”. Tiramaltica atinó al convidarme para vernos en El Gozón a mediodía. “Ahí se la pasan los muchachos todos los fines de semana – dijo”. Acepté. Llegamos ambos justo a mediodía, según lo acordado. El Gozón es un antro protosifilítico desvensijado desde siempre y milagrosamente duro para caer. Ya estaban ahí los hoy profesores “Toronto”, “Robapollo” y “Care’yegua”. Todos camaradas marxistas-leninistas de mis tiempos de dogmas y ortodoxia. Amantes del Manifiesto, Ludovico, Conceptos elementales del materialismo histórico, Camilo Cienfuegos, Silvio,  Milanés  y pare de contar. Los presentes fueron los mismos que me criticaron duramente cuando me acerqué al MIR- Moleiro.  Pero ya eso pasó.

De repente, Toronto dicurseó: “Muchachos, aquí está el artista, el que brincó la talanquera y después le cerramos el canal”. Mi ascendencia corsa y mi voz de carupanero en mercado saltaron al ruedo y la arenga fue de tensión alta con taquicardia. Me monté sobre la barra y proyecté más duro que en plaza pública: “Señores, me complace decirles que quien brincó vilmente la talanquera fue un milico que juró con vuestro difunto comandante, lo traicionó y luego volvió de rodillas cantando entre sollozos ‘Pa’Maracaibo me voy’. También brincó un amorfo de Aragua que tras un arreglo vergonzoso retomó el rojo camino. Con garrocha saltó un tal diputado que no ganaba con la oposición ni su junta de condominio y ahora, tras soltar la perla ‘Chávez es quien manda aquí’, es un simple lleva y trae más odioso que guachimán con walkie talkie. La talanquera la brincaron ustedes, quienes decían luchar por la libertad y ahora aplauden cuando apresan y maltratan a nuestros jóvenes. Brincaron ustedes que solicitan a viva voz más represión. Cuando ven la enorme deuda externa y voltean la cara. Cuando el sector alimenticio está en evidente crisis y vienen aquí todos los fines de semana. Ustedes que saben que un elevado porcentaje de los medicamentos contra el cáncer no se encuentra. Ustedes dieron el salto cuando le vendieron el alma a un gobierno militar-centralista que viola la constitución y las leyes mientras entre sombras burbujeantes se rebanan los sesos para justificar el abuso y el atropello”.

Por un breve instante logré ver al portugués que siempre atendió la barra, a quien por supuesto llamábamos Joao sin saber su verdadero nombre. Imperativo, exigí: “Joao, sírveles una ronda de tu célebre vestida de novia. Yo la pago. Los dejo en el siglo XIX señores. Yo voy motivado al logro, no al populismo que no crea riquezas ni hábitos de trabajo y familia”. Salí de allí. Al montarme en mi carro, recibí una llamada de mi esposa: “Déjame decirte – señaló– que acaban de anunciar que no tendremos agua en La Candelaria hasta nuevo aviso. Tubería rota. El gobierno dice que fue un caimán del Orinoco que se tragó las empacaduras de una tubería de origen chino, importada junto con los bombillos ahorradores, pero que nadie sabía de eso por ser secreto de Estado y esos recursos estaban en una partida especial desde el gobierno pasado. El caimán en cuestión fue investigado velozmente por un ministro que une las cualidades de Pedro Estrada, Miguel Silvio Sanz, Molina Gásperi, Marmol León y James Bond (versión KGB). El superministro concluyó que el caimán fue amaestrado personalmente por Álvaro Uribe y Antonio Ledezma en el patio del seminario donde estudió Cipriano Castro en Pamplona. Se espera que la prensa oficial revele mañana las pruebas y los nombres de los principales testigos. Extraoficialmente, se supo que uno de ellos es de apellido Ionesco, quien realizaba pesquisas entre los lagartos de la zona desde el año 2010. Hay cómplices en Aracataca y ahora mismo están peinando y allanando amplios sectores de Macondo”.

De regreso a casa pasé por el mercado de la gran cola y venía saliendo la señora que conocí en la mañana. “Mijo – me dijo – encontré un cuarto de kilo de café. No huele café, pero si el caudillo de los bigotes dice que es café ¡Es café! Además, un litro de aceite, del más aguaito por cierto, pero aceite al fin. Y cuatro rollos de papel higiénico”. Entonces le contesté: “Me alegro mucho por usted. En especial por el aceite y el papel”. No pude dejar de imaginarme lo que tendría que hacer con ambos durante la falta de agua. “En cuanto al café, espero le sirva para mantenerse despierta y soñar con los maravillosos obsequios que recibirá del Estado muy pronto, mientras consume su vida en una cola y termina de olvidar la significación y el valor del trabajo digno y creador”.

Al montarme en el ascensor para subir al pequeño apartamento que compramos mi esposa y yo laborando con ahínco, me encontré con el vecino que nombré al principio de este relato. ¡Algo sobrio! “¿Cómo está, vecino?”, me dijo. Lo miré fijamente y respondí: “Muy bien abastecido… de convicciones”.