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Mirla Alcibíades

El tabaco de Barinas

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En 1771, el obispo Mariano Martí comenzó su visita pastoral en nuestro país. Estas “visitas pastorales” eran recorridos que la máxima autoridad eclesiástica hacía en el territorio de su jurisdicción. El propósito no se limitaba a observar la marcha de los asuntos propios de la iglesia (estado físico de los templos, responsabilidad de los sacerdotes, comportamiento de la feligresía) sino tantos como ganaran el interés del observador.

Se daba el caso, entonces, de registros en los que la mirada escrutadora se detenía a detallar estado de las poblaciones, escuelas, caminos, cultivos; en suma, todo aquello que llamara su atención. Por tal motivo, para el lector contemporáneo esos informes son de particular interés para conocer la situación general del territorio visitado.

La visita del obispo Martí le tomó varios años: entre 1771 y 1784. El primero que indico fue el dedicado a observar a Caracas. A partir de 1772 sale de las fronteras capitalinas. El recorrido comienza por Chacao en una ruta que lo llevó al occidente y región andina de la Capitanía General. Hay noticias que hablan de una visita similar a Guayana, pero es de lamentar que el diario llevado por el visitante en esa visita se tiene por perdido. Tampoco hay noticias de las notas obtenidas cuando practicó su detallado recorrido caraqueño.

Como quedó dicho, son muchas las noticias relativas a nuestro país que podemos obtener de ese itinerario cumplido durante más de doce años. En todo caso, el día de hoy sólo me ocuparé de un rubro al que presta frecuente atención el obispo Martí: el tabaco.

Sobre este producto en particular hay varios momentos en los que se da cuenta del impacto negativo que produjo, sobre todo entre las mujeres, el estanco del tabaco. Es decir, cuando la corona española impone el monopolio sobre este cultivo, las campesinas (sobre todo indígenas) que se dedicaban al secado y enrollado del producto final, fueron condenadas a la miseria. Las quejas sobre el particular las pudo oír el eclesiástico de boca de las afectadas.

Sin embargo, no ahondaré más en este asunto pues quiero dar lugar al que me ocupa en esta oportunidad. Mi interés del momento  está asociado a la calidad del producto que se cosechaba en nuestro territorio. El 10 de abril de 1783, la máxima autoridad eclesiástica que, sin dudas, era conocedora del tema, hacía esta precisa observación: “El tabaco de las riberas del río Guárico es muy bueno”.

En varios momentos emite elogios parecidos para referirse a las bondades del tabaco venezolano. El 18 de enero de 1780, por ejemplo, cuando se encuentra en la población llanera de San Antonio apunta (con la ortografía de la época) que, en ese lugar, es el “tabaco tan bueno como el de Varinas (sic)”.

Varias veces he comentado en esta columna mi constante interés por leer la prensa (periódicos y revistas) de nuestro siglo XIX y comienzos del XX. En esas exploraciones se me ha hecho habitual encontrar expresiones como la que hemos leído al final del párrafo anterior.

Sobre todo en las primeras décadas republicanas, eran frecuentes las celebraciones referidas al tabaco de Barinas. Era uno de nuestros productos que se cotizaban en el exterior. De hecho, durante los años de guerra por nuestra independencia, en particular después de la toma de Guayana, fue habitual la exportación de tabaco en ruta por el Orinoco.

Un ejemplo de lo observado se puede destacar en 1818. Cierto día, Bolívar escribe a Páez desde Angostura. Aprovecha la oportunidad para hablarle del buen crédito que tiene Venezuela a los ojos de los comerciantes ingleses. Insiste que ese crédito hay que mantenerlo, razón por la cual le pide que haga el mayor esfuerzo "en recoger y enviar a esta plaza, primeramente, todo el tabaco de esa Provincia que le sea posible, haciendo el mayor esfuerzo porque la cantidad que debe llevar el bergantín Hunter esté en esta plaza antes del 15 de julio".

Sin lugar a dudas la carga de tabaco que le estaba pidiendo venía de Barinas. Era el mejor. De hecho, mucho antes de que se hablara de Independencia, ese tabaco era altamente apreciado. Era tan afamado que llegaba a varios lugares de Europa. Sumaba abundancia de consumidores que lo esperaban con impaciencia por aquellas latitudes.

Un año después de que el obispo Mariano Martí concluyera su visita pastoral en nuestro país, un venezolano daba inicio a un recorrido de aprendizaje (que no exceptuaba el placer, desde luego) por el continente Europeo. En marzo de 1788 estaba en Ámsterdam. En determinado momento hace un alto para mirar productos a la venta en un lugar destinado a esos fines. Para su asombro y regocijado orgullo se encuentra que venden tabaco de Barinas.

Ese viajero cumple el venidero 14 de julio doscientos años de muerto. Era/es Francisco de Miranda.

 

alcibiadesmirla@hotmail.com