• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Froilán Barrios

Del surgimiento del MVR al III congreso del PSUV

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El MBR-200 fue la prehistoria del proyecto hegemónico gobernante, hasta que Hugo Chávez integrara la plataforma electoral denominada Movimiento V República (MVR) en 1997, pieza fundamental en la victoria en diciembre de 1998 y  el acceso a la Presidencia de la República en 1999.

En este período inicial de mandato el instrumento político fue el MVR, cuyo signo permanente fue marcado por órdenes y caprichos presidenciales, en un partido donde los conceptos militares de estructura y obediencia intentaban controlar a una incipiente organización política cuya masa anónima era más cercana a la horda que a un concepto orgánico de partido político de cualquier rasero ideológico.

Para el logro de los macro objetivos de establecer un aparato de dominación neocorporativo, el estado comunal, mediante la reforma constitucional de 2007 e imponer bajo su doctrina el socialismo del siglo XXI como justificación teórica, se necesitaba una organización política de mayor envergadura y no el camastrón inservible del MVR. Este fue el punto de partida del nuevo partido gobernante.

Efectivamente, el PSUV tuvo el primer acto público para su formación en marzo 2007 y el congreso fundacional en enero de 2008, para de esta forma reordenarse de la derrota sufrida en la consulta del 2-D 2007, sobre la fallida reforma constitucional, y así volver con nuevos bríos como lo han hecho hasta 2014 en el cumplimiento del objetivo, de reinterpretar a capricho la Constitución vigente e implantar un Estado policial donde se violentan los derechos democráticos.

Es cierto, el PSUV del III Congreso no es el parapeto del MVR, es un aparato partidista apéndice del estado comunal, donde ministros, gobernadores y alcaldes son al mismo tiempo las máximas autoridades del partido y por otro lado representantes de los poderes públicos. A tal extremo que de los 920 delegados, 41% (380) son natos por ejercer los poderes públicos y 540 electos por la base controlada a la vez por estas cúpulas del PSUV, incluso con la capacidad de imponer una agenda donde no se eligen autoridades del partido. Quizás sea la razón de la marcada ausencia a la votación dominical para elegir delegados a un congreso clientelar.

Pues bien, el comandante eterno cuando se refería al PSUV manifestaba que “éste escribirá una nueva historia, ya que no seguirá el ejemplo de otros partidos que nacieron en el país y se hundieron en la ineficiencia, corrupción, la falta de democracia interna y por tanto desaparecieron”. Que ironía cuando su fundador prefigura la condición terminal del partido gubernamental.

Quizás un estudioso de la talla de Antonio Gramsci, por cierto muy mentado en el léxico oficialista, califica con exactitud la conducta de las organizaciones políticas, al sentenciar que la manera mas exacta de conocer las intenciones de un proyecto político, es observando como es en realidad su vida actual de partido esté o no en el ejercicio de gobierno. En nuestro caso es público y notorio como el gobierno del PSUV no valora a su militancia y maltrata a un país entero.