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Alexis Correia

Ni suizos ni israelíes

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Winston Vallenilla tendrá que tomar decisiones acerca de programas como Consejos pa’ los consejos (jueves a las 7:00 am y 1:30 pm), una de las ofertas actuales de TVES. Julio Moros conduce un viaje a la cotidianidad de alguno de los consejos comunales hoy en funcionamiento y, según la presunta premisa de la producción independiente, extrae lecciones para los que teóricamente formaremos en el futuro todos los 30 millones de venezolanos, menos los pocos aguafiestas que se van porque les fastidia hacer colas.

Con fondo musical del grupo de reggae Yakahudawana y segmentos humorísticos de cámara rápida animados por el surf rock de Dick Dale (de la banda sonora de Pulp Fiction), Decxy, Gladys, Faustina y otros admirables integrantes del Consejo Comunal Simón Rodríguez de La Suiza, en el municipio Sucre, tomaron el micrófono el pasado jueves para enumerar logros que, en su escala, ciertamente impresionan, aunque no seamos suizos. Un CDI que además tiene su SRI (sala de rehabilitación). Casa comunal con Simoncito, Mercalito e Infocentro. Tratamiento de aguas servidas. Construcción de 6 edificios de un total de 120 apartamentos que, a diferencia de algunos de los mamotretos de la Gran Misión Vivienda Venezuela montaña abajo en el valle que ya no es de los amos, lucen planificados, con espacios recreativos.

Un micro muestra un primerísimo primer plano de la arepa que mastica un hombre. Casi documenta su deglución. Parte tiernamente la mitad de lo que quedó del mordisco a una camarada, a lo que sigue una máxima escrita: “Compartir: valor intrínseco en los venezolanos, porque somos socialistas por naturaleza”. La fecha del programa, que no se indica, es otra cuestión, como sucede con muchas producciones independientes en TVES.

Los habitantes de La Suiza hablan del comandante en jefe Hugo Chávez Frías como alguien que todavía vive, lo que no necesariamente es una prueba del carbono 14, porque sigue viviendo en el recuerdo. El Mercalito del lugar tiene al menos un producto regulado, aceite, y no hay una cola de dos cuadras de potenciales acaparadores de ojos desorbitados. Observo una pancarta de Comerso (Corporación de Mercados Socialistas), iniciativa de la que hace tiempo no capto una señal. 

Llega la hora de la verdad: las recomendaciones para consejos comunales incipientes como el de mi cuadra, al que rebautizaron recientemente como Los Ñaraulíes. “No es solo constituir un consejo o tener un código, sino internalizar la organización”, habla una vecina. Cien por ciento de acuerdo. “Cada comité debe generar un plan integral anual para que puedan llegar los recursos a nuestras comunidades”.

Ajá. Concepto clave: que lleguen los recursos del Estado. ¿Y qué produce ese consejo comunal para el Estado? Una institución similar de Israel, Ein Hashofet, genera 25% de su presupuesto a través de aguacates, pollos, vacas, helados, quesos, componentes de luces de neón y piezas de automóviles. El dato es de “Regreso a los kibutz”, artículo de Ana Carbajosa en el diario El País de España, de acceso libre en Internet, que recomiendo pues compila las ventajas, contradicciones y riesgos a los que está expuesto hoy el estilo de vida comunal.

Una de las paradojas del socialismo es que, en el fondo, es incontestable. Una persona como yo, que no se relaciona con sus vecinos, es una aberración. Mucho de lo que ansiamos (celulares, autos, tablets, etc) en realidad importa menos que conversar o compartir (en una cola). Le envidio muchas cosas a Winston, pero no el reto de convertir todo eso en un programa de TV (y un país) profesional, moderno, atractivo y autosustentable. 

En Twitter: @alexiscorreia