• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Diómedes Cordero

Una soterrada poética

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Armando Rojas Guardia, en uno de los epílogos de Derivas (Caracas: bid & co. editor, 2013) del joven poeta y ensayista Alejandro Sebastiani Verlezza, considera que la eficacia del diario, como posibilidad de constituir “el esfuerzo de una conciencia por organizarse a sí misma en el transcurrir de los días”, obliga a este “a una constante atención sobre la propia vida, sobre el cauce, los meandros y las desembocaduras de la personal subjetividad, sobre todas las cosas y objetos con los que uno se topa en el correr de los días”. Rafael Castillo Zapata, en el otro epílogo, lo denomina: “Bitácora de lecturas; cajón de sastre de ocurrencias; laboratorio experimental de relatos y poemas; almacén heterodoxo de tentativas críticas, reseñas, sueños, bosquejos de cartas, crónicas  y breves tratados de variadísima lección, apretados en un tenso e intenso calidoscopio”. Luis Moreno Villamediana señala que amplía “la noción de experiencia como centro del diario, hasta incluir los actos menos constatables, como la reflexión, la observación, lo intuitivo, todo eso en forma de collages con fechas al margen”. La subjetividad personal de la mirada de Sebastiani Verlezza, considerada por Rojas Guardia; la metodología del coleccionista contenida en la taxonomía definitoria del diario, de Castillo Zapata; y, el desvío del género hacia el registro de experiencias intelectuales, señalado por Moreno Villamediana; podrían definir la operación estratégica con la que, siguiendo a Benjamin y Blanchot, Sebastiani Verlezza, durante el año 2010, “quizá con aquella fantasía de Blanchot a cuestas: he vivido al doble –o al menos en dos aguas– y a la sombra de esa vida se prepara –se desliza, como un baraja inesperada– un apunte que puede redimensionar la palidez de un día cualquiera ”, construye su escritura diarística.

Menos que como un escritor de la experiencia personal e histórica destinada a la posteridad, Sebastiani Verlezza, como el trapero de Benjamin, rastrea entre los deshechos de la cultura : “Sábado 15: Iluminaciones de la basura: hay que hacer una interrogación en los deshechos, acostumbrar el ojo al entreclaro, al filo, meterse en los rincones…”, al mismo tiempo que como un flâneur constela “las estrellas” de y su escritura: “Paz, Steiner, Eliot, Baudelaire, De Stefano, Pessoa; Oliveros, Rojas Guardia; Sucre, Cadenas, Pitol, Ossott, Mann, Lezama, Benn”.

La mirada personalísima que registra, colecciona y constela, atentísimamente, lo real y lo menos evidente, situaría a Derivas en la estela de los diarios cercanos a la literatura del fracaso: sin propósito fijo, abatida o desviada por efecto del vagabundeo, la escritura de Sebastiani Verlezza guarda entre sus fragmentos la tentativa del posible naufragio, la postergada caída: la insignificancia de “una soterrada poética –así, con minúsculas, dicho bajito, casi al susurro, sin mucha seguridad, del diario”. Como La tentación del fracaso, el extraordinario diario de Julio Ramón Ribeyro.

Diario de aprendizaje, “esto no es otra cosa que el diario de un estudiante”, como lo denomina el mismo Alejandro Sebastiani Verlezza, Derivas, según Rojas Guardia, encarnaría una “ascesis y disciplina celebratorias, festivas, lúdicas, porque se nos proponen como alta literatura”. Una moral de la escritura.