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Mariano De Alba Uribe

El sostén de Nicolás Maduro

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Los elementos necesarios para un cambio están presentes. La gira internacional de Nicolás Maduro, cuyo único objetivo era obtener apoyo en la propuesta de recortar la producción en los países de la OPEP, fue un fracaso. Las medidas económicas anunciadas ante la Asamblea Nacional lucen insuficientes. Por último, la escasez de productos básicos está omnipresente y ello indudablemente contribuye a una molestia generalizada en la población.

El gobierno sabe que su talón de Aquiles reposa en el último elemento mencionado y por ello procederá a gastar el máximo de recursos posibles en gestionar la importación de alimentos y demás productos esenciales. Ello podría ayudarle a ganar un poco más de tiempo mientras mantiene la esperanza de que los precios del petróleo recuperen un nivel más conveniente.

No obstante, lo cierto es que el daño estructural ya está hecho y será prácticamente imposible evitar una situación de escasez muy grave. Mucho más delicada de la que se vive actualmente. Ante esto, el gobierno se verá en la obligación de tomar medidas mucho más radicales para mantenerse en el poder. Un aumento drástico del precio de la gasolina no sería ya una medida de esta naturaleza. Tampoco lo sería la expropiación inmediata de las empresas mayoristas y distribuidoras. Esas serían solo medidas para comprar un poco más de tiempo.

La medida radical a la que me refiero es la salida de Nicolás Maduro de la Presidencia. Quienes manejan el poder en la Venezuela actual no se van a inmolar por un personaje tan limitado. Por consiguiente, estos militares deben estar evaluando alternativas para que una vez que la crisis llegue a un nivel en donde se pongan verdaderamente en jaque sus cuotas de poder, puedan reemplazar al inquilino de Miraflores y dar paso a un nuevo escenario. Para ellos, lo más importante será conservar el poder, el manejo de los recursos y por último su inmunidad. Pero de aquí allá todavía puede faltar tiempo.

No obstante, el problema que tiene esta alternativa es la reacción de la comunidad internacional. Después de todo, Nicolás Maduro, incluso con las dudas de su legitimidad, tiene algo que no tiene el estamento militar. Es un civil que (al menos en apariencia) fue elegido en una elección popular. Ello y el riesgo de que su salida de la Presidencia produzca el colapso del chavismo en pleno es probablemente lo que lo ha logrado y podría lograr mantenerlo en el poder.

En otras palabras, el supuesto hipotético de la salida de Nicolás Maduro para que Diosdado Cabello (o quizás alguien más) asuma la Presidencia cuenta con la piedra de tranca de que, si al menos se quieren guardar un poco las formas, habría que llamar a elecciones a los 30 días siguientes por disposición constitucional. En caso de no hacerlo, el apoyo (o al menos el silencio) de prácticamente la totalidad de los países de Latinoamérica y el mundo se vería seriamente en entredicho. Para muestra, basta preguntarse si en verdad habría países dispuestos a reunirse o a firmar un acuerdo de préstamo con un gobierno que sea evidentemente producto de un golpe de Estado y que probablemente en ese momento podría haber entrado ya en una situación de default.

Por ende, la reacción de la comunidad internacional es y seguirá siendo el mayor obstáculo para que se produzca la salida de Nicolás Maduro de la Presidencia a manos de una revuelta militar. Esa es una de las razones por las que el presidente actual se ha aferrado, durante las últimas semanas, a viajar tanto por el mundo. Por ende, todo apunta a que el statu quo durará hasta que la cúpula que maneja el poder logre tener un candidato lo suficientemente fuerte para ir a unas elecciones.

Como se ha visto, la oposición no figura. Ha avanzado escasamente un paso durante las últimas semanas. Pero en el fondo, la división de visiones pesa y persiste. La censura mediática es su mayor obstáculo. Para ser relevante, no solo hará falta una unión mucho más sólida y evidente, sino también de una vez por todas un plan detallado sobre qué hacer con el país que convenza e incluya a sus adversarios. Pero más fundamental que todo lo anterior es acompañar y guiar a la ciudadanía en estos momentos difíciles para poder así obtener el apoyo popular que haga indispensable su presencia en la mesa (dirigida por militares) que definirá el futuro cercano de nuestro país.