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Antonio Sánchez García

La sorpresa Zuluaga: Colombia frente al futuro

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Siendo más que previsible un dramático cambio en las coordenadas políticas de Venezuela y el regreso a la plenitud de la democracia en esta porción del subcontinente, el triunfo de Zuluaga sería una importante señal de que América Latina estaría iniciando un dramático y beneficioso giro hacia un futuro libre de los nubarrones de la tiranía castrista y la obsecuencia de Unasur y la OEA frente a las dictaduras bajo el parapeto de las izquierdas. Colombia ya sería otra.

 

En reciente información de la revista Semana, Zuluaga puntea por primera vez en las encuestas (http://m.semana.com//nacion/elecciones-2014/articulo/zuluaga-seria-el-presidente-segun-encuesta-de-elecciones-2014/387163-3), asoma apenas la punta de un iceberg que se hunde en las profundidades de las querencias de la sociedad civil colombiana: la decisión de rectificar la grave opción asumida hace cuatro años, con el concurso de todos los demócratas de la región que temieron un giro a la izquierda de su principal contrincante, Antanas Mokus, de elegir en la presidencia de Colombia al exdelfín de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, confundida por la insólita capacidad de mimetismo político de la mano derecha de Uribe en la guerra frontal contra las narcoguerrillas de las FARC, que galopó en la campaña montado en políticas ajenas, como si hubieran sido propias, con el fin de alcanzar el poder y torpedearlas para mal de Colombia, de Venezuela y de América Latina. Con ello los electores parecen recordar el tango del admirado Carlitos Gardel, caído en sus tierras hace 77 años: “Un tropezón, cualquiera da en la vida”. La hora de la rectificación habría llegado.

Difícil confirmar y dar por buenos los resultados que plantea la encuesta reseñada por Semana, teniendo en consideración la experiencia de los pasados comicios presidenciales, cuando a semanas de los comicios Santos perdía por una considerable diferencia, para terminar ganándolas por un amplio margen. Recuerdo el llamado desesperado que recibiera de mi amigo Fernando Londoño pidiendo consejos para enfrentar esa eventual catástrofe. Hombre cercano al líder indiscutido de la democracia colombiana, Álvaro Uribe, su preocupación expresaba un sentir compartido por la sociedad civil, atosigada por décadas de guerra civil y oscurantismo guerrillero. Hoy cabe preguntarse si no hubiera sido preferible que Santos jamás hubiera entrado en el Palacio Nariño. Es lo que vuelve a plantearse con particular dramatismo.

Afirma Semana que “según el sondeo del Centro Nacional de Consultoría difundido en el noticiero CM&, Zuluaga obtendría en primera vuelta 24% de los sufragios, mientras que su competidor más cercano, Santos, se quedaría con 22%”. Y para aclarar cualquier duda nos confirma que, según la misma consultora “en la hipotética segunda vuelta Zuluaga obtendría 42% de los sufragios, ocho puntos más que Santos, que se quedaría con 34%”. Siendo esos los resultados previsibles en una tendencia que los observadores veníamos constatando desde hace por lo menos un mes –el rápido crecimiento de Zuluaga en las simpatías del electorado colombiano cruzado con un aún más rápido descenso de las favorables a Santos– todo hace presumir que mientras más se acerque la crucial fecha de los comicios, mayor reforzamiento encontrarán dichas tendencias. Siempre con las naturales reservas de la experiencia de las anteriores elecciones presidenciales.

Lo que sí es perfectamente legítimo afirmar es que, gane o pierda Santos, sus veleidades y traiciones frente a la política de seguridad democrática impulsada por Álvaro Uribe, que le asestara un golpe demoledor a las FARC, le pasarán una pesada e impagable factura. No se puede llevar adelante una política de diálogo contra los principales enemigos de la paz colombiana en territorio cubano, legitimando de paso a la peor tiranía de América Latina en sus quinientos años de historia, con un frágil respaldo popular. Lo que verdaderamente hace más que deseable, para los colombianos, nosotros sus principales vecinos y la región entera es que en las horas que restan las preferencias se decanten definitivamente a favor de Zuluaga y sea elegido presidente con un respaldo suficiente como para volver a enrumbar a nuestros vecinos por la senda de la paz, la prosperidad y la seguridad democrática.

Siendo más que previsible un dramático cambio en las coordenadas políticas de Venezuela y el regreso a la plenitud de la democracia en esta porción del subcontinente, el triunfo de Zuluaga sería una importante señal de que América Latina estaría iniciando un dramático y beneficioso giro hacia un futuro libre de los nubarrones de la tiranía castrista y la obsecuencia de Unasur y la OEA frente a las dictaduras bajo el parapeto de las izquierdas. Colombia ya sería otra.