• Caracas (Venezuela)

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Claudio Nazoa

La sopa de Elías Pino

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Con esta cara y este cuerpito, he tenido que valerme de muchos trucos para acercarme a las mujeres que algún día me han acompañado. No es fácil conquistar cuando uno no es Juan Carlos García, por eso decidí estudiar, aprender idiomas, tener bellos automóviles, vestir diseños elegantes de mi amigo Scutaro, pero lo que más me ha ayudado, ha sido la labia. Así pensaba mi ex Rocío Higuera, durante los 3 años que estuve casado con ella. Sus amigas, entrépitas, le decían:

—¡Pero Rocío!, ese hombre es muy feo y muy mayor para ti. Debe tener un secreto.

Rocío, entre risas, respondía:

—¡Claudio lo que tiene es labia! Si ustedes hablan 10 minutos con él, se friegan.

Recuerdo cuando fuimos a una reunión y alguien dijo:

—Llegó Claudio, ¡ahora sí que se puso bueno esto…!

Rocío se adelantó y con su carita de ángel, aclaró:

—Avisado: para que Claudio haga reír, hay que pagarle un billete o acostase con él…

Pero el cuento de hoy es otro. Hace como mil años, cuando yo tenía 18, el famoso amigo, periodista e historiador Elías Pino Iturrieta visitaba con frecuencia nuestra casa. Era apuesto e inteligente, bailaba el chachachá como los dioses y tenía además mucho dinero que había heredado de una tía de color que vivía en Haití y quien, para sorpresa de todos, legó toda su fortuna a Elías, que para ese entonces ya era un aventajado estudiante de Historia en la UCV.

Elías se convirtió así en el soltero más codiciado de Caracas. ¡Era más buenmozo que Diego Arria, que ya era mucho decir! Vestía con impecable traje blanco, sombrero Panamá y un bastón de marfil con cacha de plata en forma de cabeza de lobo.

Un día le dije:

—Elías, envidio tu éxito con las mujeres. Eres mucho mayor que yo y todas quieren estar contigo. En cambio yo, soy un joven solitario, ¿qué hago, Elías?

—Mira Claudio, te enseñaré uno de mis trucos: el instinto maternal de la mujer las hace propensas a acercarse a hombres que parecen desprotegidos. Haz la prueba, ve al mercado y cuando una mujer te guste, te acercas y con carita de desamparo, le dices: “Señorita ¿podría decirme cómo se prepara la sopa de codillos de pollo?”. Ella te mirará con ternura y te dará la receta. Momento que aprovecharás para cortejarla, pedirle el teléfono y etc… ¡haz la prueba!

Salí corriendo al mercado y a la primera dama que encontré, hecho el pendejo, me acerqué y le dije:

— Señorita ¿podría decirme cómo se prepara la sopa de codillos de pollo?

—Humjum… señor, ¿usted como que está loco o qué?

Ahora, lejos de aquel aciago día, pienso que si hubiese seguido las instrucciones de Elías, hoy sería virgen.