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Eddy Reyes Torres

La solución al problema del hambre

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Hablar del arte y la cultura azteca es discurrir sobre las más variadas expresiones de una civilización que nunca deja de sorprendernos. Y más cuando buena parte de sus manifestaciones fue arrasada por los conquistadores. Curiosamente, fueron ellos mismos quienes, atónitos ante tanta maravilla, se encargaron de transmitir a la posteridad pálidos destellos de aquella grandeza. Los comentarios de Hernán Cortés (1485-1547) sobre Tenochtitlán, contenidos es su segunda carta-relación dirigida al emperador Carlos V (1500-1558), son elocuentes en este sentido:

“Esta gran ciudad de Temixtitán  –se refiere a Tenochtitlán– está fundada en esta laguna salada, y desde Tierra Firme hasta el cuerpo de dicha ciudad, por cualquiera parte que quisieren entrar a ella, hay dos leguas. Tiene cuatro entradas, todas de calzadas hechas a mano, tan anchas como dos lanzas jinetas. Es tan grande la ciudad como Sevilla y Córdoba (…) Tiene esta ciudad muchas plazas, donde hay continuos mercados y trato de comprar y vender. Tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente arriba de sesenta mil ánimas comprando y vendiendo; donde hay todos los géneros de mercaderías que en toda la tierra se hallan, así de mantenimientos como de vituallas, joyas de oro y de plata, de plomo, de latón, de cobre, de estaño, de piedras, de huesos, de conchas, de caracoles y de plumas; véndese tal piedra labrada y por labrar, adobes, ladrillos, madera labrada y por labrar de diversas maneras. Hay calle de caza, donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra, así como gallinas, perdices, codornices, lavancos, dorales, zarcetas, tórtolas, palomas, pajaritos en cañuela, papagayos, búharos, águilas, falcones, gavilanes y cernícalos, y de algunas aves destas de rapiña venden los cueros con su pluma y cabezas y pico y uñas. Venden conejos, liebres, venados y perros pequeños, que crían para comer, castrados. Hay calles de herbolarios, donde hay todas las raíces y yerbas medicinales que en la tierra se hallan. Hay casas como de boticarios, donde se venden las medicinas hechas, así potables como ungüentos y emplastos. Hay casas como de barberos, donde lavan y rapan las cabezas. Hay casas donde dan de comer y beber por precio. Hay hombres como los que llaman en Castilla ganapanes, para traer cargas. Hay mucha leña, carbón, braseros de barro y esteras de muchas maneras para camas, y otras más delgadas para asiento y para esterar salas y cámaras. Hay todas las maneras de verduras (…) Hay frutas de muchas maneras, en que hay cerezas y ciruelas que son semejables a las de España. Venden miel de abejas y cera y miel de cañas de maíz, que son tan melosas y dulces como las de azúcar, y miel de unas plantas que llaman en las otras y estas “maguey”, que es muy mejor que arrope, y destas plantas facen azúcar y vino, que asimismo venden. Hay a vender muchas maneras de filado de algodón, de todos colores, en sus madejitas, que parece propiamente alcaicería de Granada en las sedas, aunque esto otro es mucha más cantidad. Venden colores para pintores cuantas se pueden hallar en España, y de tan excelentes matices cuanto pueden ser. Venden cueros de venado con pelo y sin él, teñidos y de diversos colores. Venden mucha loza, en gran manera muy buena; venden muchas vasijas de tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas o las más vidriadas y pintadas. Venden maíz en grano y en pan (…) Venden pasteles de aves y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallina y de ansares y de todas las otras aves que he dicho, en gran cantidad; venden tortillas de huevos fechas (…) Cada género de mercaduría se vende en su calle (…) Todo lo venden por cuenta y medida, excepto que fasta agora no se ha visto vender cosa alguna por peso. Hay en esta gran plaza una muy buena casa como de audiencia, donde están siempre sentados diez o doce personas, que son jueces y libran todos los casos y cosas que en el dicho mercado acaecen, y mandan a castigar los delincuentes. Hay en la dicha plaza otras personas que andan continuo entre la gente mirando lo que se vende y las medidas con que se miden lo que venden y se ha visto quebrar alguna que estaba falsa (Cortés, Hernán, Cartas y relaciones, Emecé Editores, Buenos Aires, 1946, pp. 183-188)”.

Curiosamente, en Venezuela podemos ver un remedo caricaturesco de lo anterior. Una nota de prensa de la edición digital de El Nacional del 18 de este mes (“En mercado Los Cocos de Puerto La Cruz amanecen para hacer trueques”), que reproduce la noticia publicada en el diario El Tiempo del estado Anzoátegui, lo pone así de manifiesto: la jornada se inicia a las 4:00 de la madrugada en la bahía de Pozuelos, donde llegan con frutas, verduras, hortalizas y hasta electrodomésticos para intercambiar por pescado. “Aquí esperamos a los pesca­dores para cambiarles artículos regulados por pescado”, dice Adriana Lozada, ama de casa, quien hace trueques para garantizarles algo de proteína a sus seis hijos. Los trabajadores del mar, por su lado, llegan en botes y cambian un kilo de harina de maíz precocida por la misma cantidad de sardina, machuelo, lamparosa, cojinúa o cualquier otra especie que consi­gan durante su faena nocturna. 

Para beneplácito de muchos, la solidaridad humana también se hace presente en la singular experiencia de intercambio. Alicia Mata, otra desesperada mamá que concurre al lugar, ha pedido colaboración a los pescadores por carecer de pro­ductos regulados para cambiarles. Los buenos hombres no tienen problema en darle algo de la pesca. Por eso, llena de contento manifiesta: “Gracias a Dios tenemos esta opción. Yo tengo siete hijos y no los puedo dejar sin comer. Aunque mi esposo trabaja no nos alcanza el dinero para comprar alimentos”. Su comentario es avalado por el último informe del Cendas-FVM que nos indica que la Canasta Básica Familiar aumentó a 365.101,19 bolívares en junio. Eso conlleva a que se necesiten 24,3 salarios mínimos para poder adquirir el grupo de alimentos previsto para una familia de cinco miembros. Según el estudio en cuestión, la variación anualizada para el período que va de junio de 2015 a junio de 2016 fue de 573,6%. El informe también resalta que veinticinco productos presentaron problemas de escasez. Estamos hablando de alimentos esenciales para los venezolanos que no están enchufados en altos cargos: leche en polvo, atún enlatado, pollo, carne de res, hígado de res, margarina, azúcar, pernil, aceite de maíz, huevos, queso blanco duro, mortadela, caraotas, arvejas, lentejas, arroz, harina de trigo, avena, pan, pastas a precio regulado, harina de maíz, café, salsa de tomate, mayonesa y queso amarillo.

La gran mayoría de nuestro pueblo está consciente de la terrible situación porque tiene que lidiar con ella día a día. También sabe que su padecimiento es producto de las desastrosas políticas económicas que se han llevado a cabo durante las gestiones presidenciales de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, lo cual, por lo demás, no tiene antecedentes en la historia de nuestro país. Esa es la triste realidad y el drama que vive el gobierno.

¡Qué vaina, Nicolás!, vas a tener que invocar en el salón especial de brujería del Palacio de Miraflores al espíritu de Moctezuma y rogarle que te dé la clave de su buen gobierno en el plano económico y alimentario, sin importar que en adelante nos atiborremos de enchiladas, tamales y sus derivados. En momentos tan tenebrosos y de hambruna como los que vivimos, los venezolanos sabremos hacerle honor al refrán que dice “más vale pájaro en mano que cien volando”.

 

@EddyReyesT