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No están solos

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Cuando en febrero de 1999 tomó posesión Hugo Chávez Frías como presidente de Venezuela, ni el más pesimista de los observadores habría podido vaticinar el lamentable escenario de asedio a las libertades fundamentales que hoy se vive en el país vecino.

Entre ellas figura la de prensa. Valga aclarar que los ataques a esta vienen de tiempo atrás, y señalar que los primeros fueron más bien sutiles y siempre tras el escudo de una debatible legalidad. Así salió del aire Radio Caracas Televisión. Y, aunque más recientemente se han presentado episodios a todas luces arbitrarios, la tendencia inicial parece mantenerse: la presión se ha ejercido de manera soterrada. Se ha tratado de asfixiar a los medios no alineados con la doctrina oficial con normas de dudoso cuño como tenazas.

En el caso de los periódicos, esto ha ocurrido mediante toda suerte de trabas y restricciones a la importación de papel. De esta manera, el gobierno de Maduro buscaba, en un principio, acallar las voces que denuncian sus cada vez más frecuentes excesos sin el desgaste para su imagen, al quedar en evidencia ante la comunidad internacional como un régimen enemigo de la libertad de expresión.

Pero la jugada no le dio los réditos esperados. Hoy está suficientemente claro que este pilar de la democracia está en la mira del régimen que comanda el heredero de Hugo Chávez. De esto dan fe las cifras: 13 medios escritos ya han tenido que cerrar, mientras otros 17 están en crisis por la falta de materia prima. Muchos de estos, entre ellos los de mayor circulación, se han visto forzados a reducir dramáticamente el tamaño de sus ediciones.

Una situación así, en la que es incuestionable la mordaza que desde el Estado se les quiere imponer a los que cumplen con su deber de ser perros guardianes de la democracia, obliga a rodear y respaldar a los colegas que hoy padecen tan inaceptable nivel de asedio. Por eso, los periódicos colombianos afiliados a Andiarios hemos emprendido una serie de acciones bajo el lema “Todos somos Venezuela”, que busca enviar el mensaje a nuestros colegas y, en particular, a los venezolanos de que no están solos en este crucial momento de su historia.

La iniciativa incluye el envío esta semana de 52 toneladas de papel que, aunque significan un alivio en una coyuntura tan compleja, son sobre todo, un gesto simbólico que expresa un respaldo que es incondicional, dada la magnitud de lo que está en juego: el derecho de treinta millones de venezolanos a contar con una prensa libre.

Es de esperar que el tránsito por las vías del país vecino de este salvavidas no encuentre obstáculos similares a los que tuvo el martes la parlamentaria María Corina Machado en su marcha en compañía de sus seguidores hacia la sede del Poder Legislativo.

Como si no bastaran los atropellos legales de los que ha sido víctima, luego de intentar expresar ante la OEA su clamor por acciones de la comunidad internacional ante la caótica situación de su país y que incluyen un arbitrario despojo de su investidura, ayer sufrió en carne propia la realidad que desde hace varias semanas se vive en las calles, en donde las fuerzas oficiales no han mostrado precisamente mesura a la hora de encarar a quienes protestan contra un gobierno que cada vez da más señales de haber optado por el camino opuesto al de las libertades propias de un Estado de Derecho.

Es una senda que bordea un abismo que hoy se divisa y en el que el bravo pueblo no merece caer.