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A tres manos por Alex Fergusson

¡No es solo la economía!

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No es solo la economía lo que está en crisis, es nuestro modo de vida, nuestra civilización. Las alternativas que nos presentan la sociedad global de mercado y el socialismo burocrático no nos satisfacen. Esto no es nuevo y por eso surgió hace tiempo la necesidad inaplazable de un nuevo proyecto socio-político que abra paso al hombre, que permita transformar la lógica de la evolución de la sociedad actual y nos ponga en el camino de construir una  sociedad, una nueva civilización, que funcione con otros comportamientos  individuales y colectivos y no solo con otros métodos. Había llegado la hora de definir claramente para qué  se lucha y no solo contra qué.

Y es que ya no hay manera de seguir enmascarando la cruda realidad: el drama interno de la  pobreza rural y urbana (que todavía queda), la  desnutrición infantil (que aún existe), la inseguridad jurídica, el desempleo formal, la delincuencia, la carestía de la vida, el deterioro ambiental, el  desaliento de grandes sectores de la población y la degeneración ética de otros tantos.

¡Se han acabado las excusas! Ya no hay abundancia de recursos financieros, el país tiene deudas grandes, y los indicadores económicos ya no son tan favorables (salvo para los banqueros y algunos empresarios vinculados al gobierno). La amoralidad de la corrupción ha hecho su trabajo y el propio sistema, poniendo al desnudo su incompetencia, se declaró, de hecho, incapaz para enfrentar la situación.

La realidad, hoy, es que pese a las millonarias inversiones y las expropiaciones de tierras productivas, la producción de alimentos para el consumo humano directo ha seguido disminuyendo como lo ha hecho desde 1960. Lo mismo ha ocurrido con la disponibilidad y calidad del agua potable y los servicios, la calidad del aire que respiramos, la salud física, mental y espiritual de los venezolanos, la capacidad generadora de empleos no burocráticos, el poder adquisitivo de la moneda, el acceso a la recreación y a la cultura para la masa asalariada, la sana moralidad, la integridad, productividad y estabilidad de los ecosistemas, y con todo ello la perspectiva de un presente y un futuro mejores.

Es  verdad que ha  crecido el número de automóviles, televisores y teléfonos celulares, y que hoy consumimos un poco más, pero: ¿vivimos mejor?, ¿nuestro futuro y el de nuestro hijos luce más prometedor?, ¿ha mejorado el ambiente donde vivimos? Junto con el crecimiento del consumo también ha crecido la dependencia, la desigualdad y la inseguridad jurídica y personal.

Se engañan, pues, los que creen que el creciente deterioro de la “calidad de la vida” y la actual crisis económica son solo consecuencia de “malos gobiernos”, pero se engañan también los que conservan la esperanza de que el “gobierno” vendrá a enrrumbarnos “...por el camino que conduce a un próspero y brillante futuro…”.

Los fundamentos de la crisis están en la misma naturaleza del sistema, en la raíz de nuestro estilo de desarrollo y modo de vida, en nuestro modelo civilizatorio, cuyos avances transformadores son escasos, y no solo en las circunstancias políticas o económicas.

La sociedad que tenemos solo puede seguirse sosteniendo profundizando la exclusión y la desigualdad, es decir, negando a la mayoría el acceso al modo de vida de una minoría acomodada, ostentosa, cargada de privilegios convertidos en derechos, y que no supera 5% de la población.
Lo verdaderamente alternativo para nosotros, lo revolucionario de verdad, es profundizar el impulso de un proyecto socio-político y económico que no solo sea coherente, pues eso es obligado, sino que se nutra de un actitud imaginativa nueva y radical que permita transformar la lógica de la evolución  de nuestra sociedad, fuera de la referencia a cualquier modelo existente, inevitablemente comprometido y comprometedor.
Una proposición de ruptura, de desmantelamiento del sistema económico para dar paso al hombre, requiere una nueva sociedad que está por construirse, aunque su construcción parezca estar cada día más lejana. Aspiramos a una organización social “...en la que sea tomada y compartida la palabra, en la que nadie pueda limitar la creatividad de los demás, en la que cada uno pueda cambiar la vida...”.