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Heinz Sonntag

¿Cuál socialismo?

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­La presentación de la Memoria y Cuenta (¿o mejor Memoria y Cuento, como propuso Fernando Rodríguez en su editorial de Tal Cual del viernes 17 de enero?) del presidente Nicolás Maduro dio lugar a numerosos comentarios en los medios de comunicación. Se criticó especialmente la falta de referencias a logros alcanzados y proyectos concretos finalizados durante ese primer año de su gobierno, razón por la cual la sugerencia de Rodríguez fue abierta y entusiastamente acogida por muchos ciudadanos. El discurso se abrió con el ya acostumbrado ataque e insulto a los que no compartimos el proyecto de la “revolución bolivariana” y del “socialismo del siglo XXI”. A mí me produjo el mismo disgusto que en años anteriores las intervenciones del fallecido comandante, también llenas del desconocimiento de más de la mitad del pueblo venezolano que no está ni comprometido ni atraído por lo que él llamaba “su proyecto”. Había la repetición de otra característica de los discursos de Hugo Chávez al reproducir Maduro una mezcla de citas de los más diversos autores cuyos libros y artículos no parecen haber sido leídos por ninguno de los dos. Un ejemplo de este hecho fueron las citas que el presidente presentó de Rosa Luxemburgo: citó los elogios del socialismo, pero no mencionó siquiera las críticas de ella al hecho de que en la Revolución soviética de 1917 el sistema de comunas había desembocado muy rápidamente en la monopolización del poder por el Estado y en consecuencia por el partido, promovida por Lenin.

En rigor, durante los 15 años que ya dura el actual sistema económico, sociopolítico, cultural y ético, debemos destacar que el socialismo “nuestro” tiene muy poco del siglo XXI y mucho del socialismo realmente existente en los últimos decenios del siglo XX en Europa Oriental, Corea del Norte, Cuba y en la propia Unión Soviética. Lo que ahí pasó fue la caída del socialismo por las rebeliones de los “súbditos” en todos los países, excepto en Corea del Norte y Cuba. La Unión Soviética ya no pudo ejercer su poderío militar y su influencia en los círculos gobernantes de los mismos, como había ocurrido con los alzamientos de los ciudadanos en Hungría en 1956, en Polonia a finales de la década de los sesenta y en Checoslovaquia en 1968. Es más: la propia Unión Soviética tuvo que reconocer las fallas de su socialismo e introducir severos cambios en lo económico, lo político-institucional, lo cultural y ético.

En nuestra Venezuela, el proyecto de Chávez y sus camaradas en los intentos de golpe de Estado en 1992 desembocó, a partir de 1999, bajo su presidencia, en una transformación que tergiversó y finalmente destruyó lo que había quedado de la era democrática. Lo primero fue la desinstitucionalización de la República, luego la imposición de un sistema económico a través de numerosísimos controles, la expropiación de miles de hectáreas en el campo, de empresas y la restrictiva política cambiaria. Igualmente se intentó tan temprano como en 2001 introducir cambios en la educación y se inició la guerra contra las universidades autónomas, experimentales y privadas. En el curso de los años siguientes se reforzaron los controles. Un ejemplo particularmente importante fue la imposición de un sistema de planificación totalmente centralizado y estatizado, copiado de los libros de las academias de Ciencias de los países del socialismo realmente existente. Con el correr de los tiempos los intentos de control se han extendido a prácticamente todos los espacios de la sociedad venezolana: la implementación de un currículo de educación básica y secundaria totalmente ideologizado, la continuación de la guerra contra las universidades, la cultura y los intentos de establecer la hegemonía comunicacional y sistemas de control en contra de la libertad de pensamiento y expresión, con el fin de consolidar el dominio total del Estado y del partido sobre la sociedad y los ciudadanos, en vías de convertirse otra vez en súbditos.

A mi modo de ver, el sistema construido no tiene nada que ver con el socialismo, tal y como lo desarrolló Carlos Marx en su teoría crítica. Tengo también mis dudas acerca de la cercanía del socialismo nuestro con lo que construyó Lenin en los primeros años después de la revolución de 1917. Tanto para el primero como para el segundo la revolución política debe conducir al socialismo como un sistema en que los obreros, campesinos y demás ciudadanos ejerzan el control del Estado, enfrentándose al predominio de los propietarios de las fuerzas productivas, o sea, la burguesía (aunque Marx reconozca el papel importante que ha jugado esta clase en el desarrollo de la cultura material, cultural y ética).

En resumen, el socialismo es para Marx el sistema que hereda los grandes mensajes de libertad, derechos civiles y prosperidad material desarrollados desde el siglo XVI porque su materialismo fue totalmente compatible con profundas convicciones morales y espirituales. Esto no es cierto para Lenin, porque le tocó la revolución y la construcción del socialismo en un país atrasado como fue Rusia. Incluso con esta limitación impulsó reformas sociales, políticas y culturales, las cuales fueron de hecho restringidas y hasta eliminadas al apoderarse Stalin de la Secretaría General del partido al momento de la muerte de Lenin en 1924.

Si queremos tener una sociedad igualitaria y democrática, no podemos volver al socialismo realmente existente a lo largo del siglo XX. Nos toca más bien construir un proyecto de país en el cual reinen la libertad, los derechos civiles y la prosperidad material. Es un proyecto en cuya construcción tenemos que estar involucrados todos los venezolanos en condiciones de dignidad, civilidad, paz y tolerancia.

 heinzsonntag@cantv.net