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Guillermo Martínez

Una situación difícil para Obama

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A pesar de todos los esfuerzos del presidente Barack Obama en culpar a los republicanos en la Cámara de Representantes por impedir la aprobación de una nueva y comprensiva ley de inmigración, el primer mandatario no puede sentirse cómodo con este tema. 

Ojo, que no hay duda en que los republicanos de la Cámara de Representantes han parado en seco todos los esfuerzos por aprobar una ley parecida a la que ya pasó por el Senado. Los optimistas dicen que todavía hay tiempo para remediar este asunto. Pero la verdad es que todos los esfuerzos por aprobar una nueva ley de inmigración este año están muertos y enterrados.

Este lunes pasado el presidente dijo que él iba a tomar medidas ejecutivas para resolver por lo menos parte del problema. Explicó que le había pedido a los funcionarios de su administración que le presentaran todas las opciones de las que dispone el poder ejecutivo para tratar de paliar este asunto. Dijo que tendría las opciones listas para fines de este verano.

Pero éste no es un buen momento para que el Presidente hable de resolver cosas por orden ejecutiva. Ya el Tribunal Supremo determinó que había excedido sus poderes al nombrar a tres miembros de la Junta de Relaciones Laborales durante un corto receso del Senado.

Si Obama vuelve a hacer algo que la Corte Suprema determine que no es constitucional, esto dañaría su credibilidad y debilitaría al Poder Ejecutivo. También limitaría la influencia del Presidente en sus últimos dos años. 

Pero éste no es el único problema que el Presidente afrenta al hablar de inmigración. Los más liberales dentro del Partido Demócrata están molestos porque dijo que iba a acelerar el proceso de deportación de los miles de niños indocumentados que este año cruzan la frontera solos. 

Voceros del Catholic Legal Immigration Network dijeron el martes que les preocupaba el anuncio de la administración de Obama planeaba limitar los derechos legales a los cuales pueden acudir las personas que entran en este país por temor a la violencia en sus países.

El presidente dijo que iba a transferir personal del centro de Estados Unidos a la frontera con México para así mejor lidiar con la crisis humanitaria de miles de niños que ya han entrado en Estados Unidos.

Algunas de las personas que están en contra de todo tipo de inmigración puede que aplaudan al presidente por su decisión de agilizar el proceso de deportación de estos niños que vienen de Honduras, Guatemala y El Salvador. Pero para hacerlo Obama tendría que obviar las leyes que rigen este tipo de casos.

“Debilitar el proceso legal no es la solución”, dijo Jeanne M. Atkinson, directora ejecutiva de Clinic. “Deportar niños a lugares donde su vida peligra daña los valores de nuestro país. A estos niños se les debe permitir una verdadera oportunidad de expresar sus temores a la violencia y que se les otorgue todos sus derechos legales”.

El proceso legal en Estados Unidos cuando una persona de cualquier edad dice que tiene miedo a morir si lo deportan es largo y complicado. Una vista administrativa para determinar si estos niños en realidad tienen miedo a la violencia en sus países de origen puede tardar dos años o más.

Obama, a quien ya muchos le dicen el “Jefe de los Deportadores” como le dicen mucho de los liberales en su partido no la tiene fácil. 

Para satisfacer al ala más liberal del Partido Demócrata, él tendría que tratar de detener o por lo menos demorar la deportación de los millones de indocumentados que residen en Estados Unidos. Ningún Presidente ha deportado a más indocumentados. Obama, en sus primeros cinco años ha deportado a dos millones de indocumentados -como 400.000 al año-. Esto es mucho más que ningún otro Presidente. 

Sus colegas demócratas quieren que detenga las deportaciones masivas tanto de los que ya están en Estados Unidos como la de los niños que ahora entran. Pero si hace esto, los republicanos lo acusarían de no acatar lo que dice la ley y explican que éste es el motivo por lo cual ellos se niegan a aprobar una reforma migratoria. 

A la larga los demócratas tienen todas las de ganar. Los hispanos no le van a perdonar a los republicanos por haber impedido la aprobación de una ley de inmigración este año. Pero eso no va a tener mucha importancia en las elecciones parciales de este noviembre. Eso va a ser crucial en las elecciones presidenciales de 2016. 

Obama debería cumplir la ley y darles todos los derechos legales a los jóvenes que entran al país ilegalmente. Es un asunto humanitario. También debería tratar de demorar el proceso para deportar a los indocumentados que hace años viven en Estados Unidos; particularmente aquéllos que ya tienen familiares en el país. 

Él puede intentar cambiar partes de la ley por medio de una orden ejecutiva. Pero si lo hace correría el riesgo que el Tribunal Supremo vuelva a decirle que ha violado la Constitución.