• Caracas (Venezuela)

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Henrique Salas Römer

El síndrome de los cogollos

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Una trágica pasión.

Por meses se debatió en Copei la escogencia del candidato que, en la primera elección de gobernadores de la historia del país, sería postulado para enfrentar en Carabobo a la temida maquinaria de “los Celli”, dueña política de la región, notoria por sus bandas armadas, (nada que ver con los colectivos asesinos de hoy), en una época en que corría aquello de que “Poder que no abusa se desprestigia”.

Yo era un diputado entonces, integrado como independiente a la fracción de Copei, y cuando a pocas semanas de los comicios me ofrecieron la candidatura, acepté el reto sin pestañear. No faltó, como suele ocurrir, quien sospechara de la mala fe de los oferentes, por tratarse de una contienda demasiado desigual. Pero yo nunca lo sentí así. Cuando llaman a un bombero… es porque existe un incendio.

Y eso fui yo en 1989, un bombero. Un bombero que tuvo la suerte de apagar el fuego, ganando la gobernación, y que tres años después fue reelecto con casi tres cuartas partes de los votos, convirtiendo a Copei de lejos en la primera fuerza de un estado históricamente adeco.

Hubo mucha alegría entonces… pero la victoria trajo resaca. Cuando en 1995 la ley impedía mi reelección, la cúpula copeyana optó por un candidato más “suyo”. Había que cortarle las patas a Salas Römer. Cuando la frase llegó a mi oído, todo lo comprendí.

Las consecuencias son conocidas. Surgió Proyecto Carabobo, su candidato se impuso, y la votación socialcristiana se redujo a la mitad.

Este es solo un ejemplo, una partecita de la historia. Dos años antes, con la separación de Caldera, Copei había sufrido un desgarramiento mayor.

En AD un trauma similar había ocurrido. El retorno de CAP al poder, seguido por la elección directa de gobernadores y alcaldes, aunado al impulso que éste quiso darle a la descentralización, fue visto por la cúpula del partido como una amenaza, razón por la que Luis Alfaro Ucero, “caudillo” de AD, ordenó “derrocarlo”, al igual que 14 meses antes Hugo Chávez lo había intentado… sin tomar en cuenta que a éste sólo le quedaban ocho meses para completar su mandato o importarle un bledo que se tratara de un líder fundamental.

Desde esta óptica, se comprende mejor el desenlace que en el 98 ocurrió.

Hago este recuento, no exento de sentimientos encontrados, por lo mucho que se asemeja a lo que hoy se observa en la MUD, una organización concebida para conjugar las fuerzas opositoras y enfrentar la amenaza totalitaria, cuya cúpula, sintiéndose desplazada por la protesta, recurrió sin consenso interno, y a espaldas de los estudiantes, de la sociedad civil y de valiosos liderazgos emergentes, a un diálogo sin condiciones con el régimen que nació para combatir.

Es el síndrome de los cogollos. Una trágica pasión por todo controlar. 

Ya basta, señores. Está en juego nuestra independencia, el bienestar social, nuestra libertad. No le quiten la vista a la pelota. Es hora de despertar.