• Caracas (Venezuela)

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Muchas veces que escuché a Hugo Chávez, en el ejercicio de la Presidencia (1999-201?), referirse a la Fuerza Armada Nacional, y en particular a la Academia Militar, con exageradas palabras almibaradas y edulcoradas. No era para menos. Él se formó ahí. Y llegó a amarlas tanto que, pasando por encima de la Constitución y de todo el mundo, las hizo suyas hasta el extremo de llamarlas su "fuerza armada chavista", incluidos sus milicianos armados. Nunca antes se había visto en el país semejante acto de "amor castrense".

Gastó millones de dólares en la compra de tanques, cohetes, aviones, helicópteros, cañones, fusiles, etc., para ella, en desmedro de otras necesidades más perentorias, y varias veces a sus miembros les aumentó el sueldo en porcentajes desproporcionados en comparación injusta con el resto de los sectores de la población. Les ordenó vestirse con prendas de color rojo y marchar a paso redoblado, exclusivo antes solo para los cadetes, gritando, con las caras pintadas, consignas a favor de la "revolución" y en contra del imperialismo, etc. Hizo con ellas lo que quiso. Diversificó los ascensos hasta llevarlos a mayores generales, generales en jefe y almirantes, incluidas mujeres. Ellos, a cambio, violando la Constitución, le fueron fieles a él hasta el final.

Con demasiada tolerancia podríamos decir que todo eso es explicable, considerando que viene de un ser que estuvo "locamente apasionado" por la institución que lo hizo oficial militar y le permitió armar su proyecto conspirativo "revolucionario". Chávez fue exageradamente agradecido y leal con su Alma Máter y con la institución armada. Pero cuando uno ve que, en el caso de presidentes civiles, egresados de las universidades autónomas, nunca se ha manifestado desde el poder un "amor" semejante hacia éstas, la pregunta atónita que nos hacemos la gente de estas instituciones, a raíz de la última huelga universitaria, es ¿por qué nuestros egresados, cuando están en el poder, arremeten contra sus universidades de origen, muy diferente a lo que hacen los egresados de las instituciones militares? Esta pregunta la he escuchado varias veces en el Consejo Universitario de la ULA. Me imagino que en otras universidades se preguntarán lo mismo. Yo agregaría, ¿qué error comete el Alma Máter venezolana para que algunos de sus hijos, malagradecidos, se conviertan en sus peores y feroces enemigos cuando llegan al poder y se envilecen contra ella? Es el mismo poder político corrompedor la causa, dirán algunos; otros dirán que la causa está en casa, que no logra vencer las sombras que caen sobre algunos de sus egresados. O es una combinación.

Ciertamente, con una Venezuela clasificada de décima en la lista de los países más corruptos del mundo, la universidad no contribuye lo suficiente con el afianzamiento de los valores trascendentales del hombre, como pretende el artículo 1° de la Ley de Universidades. Con pesar vemos cómo altos funcionarios chavistas atacan a las universidades que les proveyeron sus títulos, y en cuyas aulas magnas juraron respetar y hacer cumplir las leyes.

Este síndrome no es nuevo; recuerdo cómo en el gobierno de Luis Herrera Campins y en el de Jaime Lusinchi la universidad autónoma y democrática venezolana fue maltratada, humillada y violada con un estilo diferente de como lo hace hoy solapadamente la "revolución chavista". Y si nos vamos más atrás en la historia, vemos cómo la universidad siempre ha sido hasta despojada por el gobierno de turno (p. ej. Guzmán Blanco, 1875-1877; J. V. Gómez, 1908-1935; Pérez Jiménez, 1952-1958; Rafael Caldera, 1969-1974). En un próximo artículo sugerimos una manera de paliar esta situación.