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Carlos E. Weil Di Miele

El show de los ministerios

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Anuncian “el sacudón” con antelación para que la gente tenga tiempo de prepararse. Se lee en las páginas web, y todos pasamos el día ansiosos, esperando que se acabe la jornada para sentarnos frente a la televisión a escuchar algo extraordinario, alguna medida disparatada que nos haga aún más pobres. La costumbre es nueva, cada dos semanas se anuncia una alocución única que cambiará el rumbo del país, pero ni se cambia el rumbo ni se anuncia nada.

El martes volvió a pasar. Salió el presidente en pantalla y empezó la conversa, porque discurso no fue, y Venezuela sentada frente a una pantalla (o una radio) escuchando una introducción eterna que a nadie le importa, pero que igual nos mantiene atentos, porque en algún momento viene el anuncio único e irrepetible, como los finales de novela que siempre se vuelven a repetir.

Es como los Oscar. Todos sabemos lo que va a pasar pero igual lo vemos con duda. En nuestra versión las estatuillas son ministerios o puestos en el gobierno. La élite se sienta en una alfombra roja y vienen los anuncios. Las caras son conocidas. Los discursos también. Incluso sabemos quiénes son los premiados. Jaua es como Meryl Streep, siempre se lleva uno (así pierda las elecciones). “La academia” o la que elige a los ganadores es un ente desconocido que no sabemos si es Maduro, o son Maduro y Diosdado, o si simplemente es un agente externo que da órdenes y el presidente es solo un maestro de ceremonia, o el azar, o el poder, o vaya usted a saber. Lo cierto es que, al final, mucho show y poco sacudón. Perdimos el día en vano, y ni siquiera hicimos quiniela, tal vez para la próxima.

La constante intención mediática de este gobierno lo ha convertido todo en un espectáculo. Se utiliza el monopolio comunicacional para jugar a ser vistos. Se apoderan del prime time, y, como si fuera poco, se hacen publicidad. Se pagan y se dan el vuelto en una fórmula en la que verlos es casi una obligación, y nosotros, el público, caemos, porque cada anunció, cada “sacudón”, es una amenaza camuflada en la que se juega con la ansiedad de una sociedad ya acostumbrada a recibir golpes a la misma hora y por el mismo canal.

Pero la ceremonia termina igual que empezó, con un país en dudas y un futuro incierto. Los premiados improvisaran en sus nuevos ministerios y los problemas se seguirán multiplicando. En un par de semanas volverá a las pantallas otro anuncio innecesario que nos mantendrá alerta, porque, como dijo Chávez, fundador de este desastre, “el show debe continuar”.