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Corina Yoris-Villasana

La seudoargumentación en el ámbito político

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Hay “argumentos” que no pasan inadvertidos por lo mal estructurados que están. Uno de ellos, el esgrimido para explicar el origen de la corrupción existente en el país, es citado con algunas variantes. Veamos el argumento: “Si hay corrupción en las instituciones del Estado, es porque alguien los corrompe en el sector privado” (sic). Hay medios de comunicación que han citado el argumento diciendo “Estado” y otros diciendo “gobierno”.

Quisiera recordar que no es lo mismo gobierno que Estado. La diferencia es esencial, políticamente hablando. Clásicamente se entiende por Estado “unidad de dominación, independiente en lo exterior e interior, que actúa de modo continuo, con medios de poder propios, y claramente delimitado en lo personal y territorial” (Hermann Heller); mientras que gobierno es la organización que ejecuta las numerosas actividades estatales, llamadas usualmente “poderes del Estado”. El lazo que vincula Estado y gobierno es el poder. Los gobiernos pasan; el Estado permanece.

El ejemplo que estoy analizando es claramente una muestra del mal empleo de esquemas argumentativos y, en consecuencia, una enorme falacia. En una primera aproximación, se puede pensar que constituye una falacia de conclusión inatinente (ignoratio elenchi): es decir, para probar que el Estado es corrupto se exhibe como causa que el sector privado forma parte del Estado.

Ahora bien, el hecho de que el sector privado sea parte del Estado no tiene vinculación con el hecho de la corrupción del Estado, a menos que se quiera decir que el Estado es corrupto porque uno de sus componentes, el sector privado, es corrupto; entonces se trataría de una falacia de composición: es decir, el pase inválido de las características de las partes como características de un todo. También podría verse como una falacia de falsa causa, esto es: el Estado y lo privado son concomitantes, el Estado es corrupto, ello se debe a la presencia de lo privado, que es corrupto.

Voy a exhibir los componentes del pretendido argumento y con ellos se verá lo absurdo y tosco de la “argumentación”. Premisa: alguien corrompe a las instituciones en el sector privado. Premisa implícita: todas las instituciones del Estado son del sector privado. Conclusión: hay corrupción en las instituciones del Estado. Bastaría con refutar la premisa implícita, puesto que el Estado contiene algo más que las instituciones pertenecientes al sector privado. Generalicemos: sea A el conjunto de elementos que constituyen el Estado; B es el conjunto de todas las instituciones del sector privado. C es el conjunto de las instituciones corruptas del sector privado. C está contenido en B y B está contenido en A. Aun cuando se acepte que C es igual a B, ¿puedo concluir que si todas las instituciones privadas son corruptas, todas las instituciones que están en A son corruptas, sin aceptar que todas las instituciones del Estado son del sector privado? Si en lugar de emplear Estado, se emplea gobierno, el asunto se vuelve más tosco, puesto que el sector privado per se no forma parte del gobierno.

El segundo “argumento” analizable es la respuesta de un conocido político a una pregunta del entrevistador del programa Reporte Semanal del Profesor Briceño; el político calificó de complicada la situación de Leopoldo López y dijo textualmente: “Para sacarlo de la cárcel no tenemos ningún plan, porque aquí el único que inventó el plan fue él mismo, o sea, él fue el que se entregó, entonces, es complicado” (sic). La respuesta es galimatías; pero, veamos la estructura de la “argumentación”. Premisa: aquí el único que inventó el plan fue él mismo (él fue el que se entregó). Conclusión: es complicado. Segunda conclusión: no hay plan para sacarlo de la cárcel. Para sostener las dos conclusiones, que por cierto están enlazadas entre sí, se dejó implícito lo siguiente: primera premisa implícita: si alguien se entrega a la “justicia”, es muy complicado buscar su liberación. Segunda premisa implícita: si un plan de liberación es complicado, no se busca la liberación. Incalificable.

A ambos ejemplos los he llamado “argumentos”, pero en realidad, al leerlos se siente una suerte de vahído ante la carencia de un mínimo de coherencia argumental.