• Caracas (Venezuela)

Opinión

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Sergio Antillano

Con todo y sin nada

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Venezuela es nación de infinitas posibilidades; potencial envidiable. Tenemos buena parte de lo que se requiere para el Progreso y bienestar de todos quienes aquí habitamos. Casi todo para acercarnos a la felicidad colectiva e individual.

Somos una población diversa y plural, de menos de 30 millones de seres, resultante de mezclas, mestizajes, sincretismos y fusiones. Una sociedad donde desaparecieron las “razas” para dar paso a esta riqueza genética de hoy, donde todos somos producto de diversos mestizajes que tuvieron esta tierra como fecundo crisol. Un país plural hasta en los genes, con amplia diversidad cultural, de gente mayoritariamente trabajadora, solidaria, pacífica y emprendedora

Ese contingente humano, plural, está desprovisto de arcaicos prejuicios raciales o fanatismos religiosos, fundamentalismos ridículos o trasnochados sectarismos ideológicos, que dilatan el avance de otros pueblos. A pesar de algunos que se empeñan en sembrar esas excluyentes conductas entre nosotros, y que, así como importan alimentos en lugar de producirlos, importan odios y resentimientos, de otras latitudes.

Aquí tenemos gente de la mejor calidad…pero también tenemos, la mejor y más variada naturaleza. En apenas 916.445 km2, el país se extiende sobre suelos variados; unos con clara vocación agrícola y subsuelo generoso en minerales útiles. Una rica geografía de infinitos cielos y paisajes. Venezuela tiene abundantes aguas no salobres, suelos, minerales, fauna y vegetación, sol y vientos, privilegiados, distribuidos en variedad de ecosistemas y paisajes. Miles de especies animales y plantas, conviven con nosotros en múltiples zonas de vida. Somos una de las doce naciones con mayor diversidad biológica del planeta. País andino, amazónico y caribeño a la vez, este territorio aloja al lago de Valencia y al de Maracaibo (el más grande de Suramérica); extensos llanos, diversos humedales, desiertos y médanos; cadenas de montañas, el país es cruzado por el río Orinoco (el tercero más largo del mundo y sexto en caudal) con descomunal red de afluentes que definen una cuenca hidrográfica expandida más allá de las fronteras de la nación. Al norte, más de 3.000 kilómetros de playas, ensenadas y acantilados nos unen al Caribe y su rica biota marina.

Contamos con fuentes poderosas de energía limpia; sol y vientos todo el año y grandes caídas de agua. Al mismo tiempo, alberga el subsuelo una de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, amplias reservas de gas, e importantes vetas de oro y minerales de gran demanda en las tecnologías de hoy día. Las entrañas del territorio también alojan la formación rocosa más antigua del planeta: el macizo guayanés, y las inigualables cuevas del “mundo perdido” cobijan infinita fauna y flora endémica, sobreviviente al paso del tiempo, en el seno de tepuyes milenarios que se yerguen orgullosos de singularidad, y que solo este país y el Brasil, cuentan en inventario.

De todo hay aquí. Pero, a pesar de la gente buena, rica en diversidad genética y las favorables condiciones bio-geográficas del país, no logramos vencer la pobreza material ni alcanzar siquiera servicios públicos eficaces y dignos. Las fallas, inseguridad, escasez y reducidas opciones, parecen afectar a casi todos y nos mantiene alejados de bienestar y felicidad. ¿Qué nos falta?

La nación carece cada vez más, de la mayor riqueza del mundo actual: conocimientos. El país desatiende la imperiosa necesidad de generar, transmitir, enseñar, intercambiar y multiplicar, saberes y conocimientos basados en evidencias. No tenemos suficientes conocimientos, sistemáticamente producidos o validados por la rigurosidad de la investigación científicamente concebida. El conocimiento es la materia prima que mueve las poleas y engranajes del progreso, la inclusión y el avance social.

El país anda a ciegas sin conocimientos y estos solo florecen en ambientes de universalidad y pluralidad de pensamiento, libre circulación de ideas, libre acceso a la información, libertad de expresión, y el natural libre albedrío que necesita el ser humano para crecer y realizarse como persona y ciudadano. Las Universidades públicas o privadas, con autonomía, democracia interna, libertad de cátedra, y plenas libertades de pensamiento, creación, investigación y expresión, son los espacios donde, desde hace siglos, se genera y aporta a la sociedad, aquello de lo que carecemos…y que la naturaleza biodiversa del territorio no garantiza…conocimientos.

Por eso es un crimen contra todos, lo que desde el poder se hace contra las Universidades autónomas y democráticas. Negarles autonomía, recursos y participación, asfixiarlas financieramente, desacreditarlas y hasta agredirlas con violencia y terrorismo, es destruir la pieza que nos falta para progresar. Es dejarnos con nada aunque creamos tenerlo todo.