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Alberto Soria

Se le sentará a la mesa

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Es una nueva forma de divertirse en las fiestas de fin de año. Sin que usted los convoque, se le sientan en la mesa, animan la reunión, los sabelotodo del trago, los pedantes del vino.

Como habrá advertido, la Modernidad hizo posible que se puede pasar rápidamente de la posición de persona amable, amante de lo bueno, a un tipo enológicamente insoportable.

Seguramente a usted no le pasa, pero tiene amigos así. O lo que es peor, hijos de amigos, compadres, o nueva generación que se ha pasado de la cervecita light al tanino con leyenda.

I

Son fáciles de distinguir. Con la sofisticación del siglo tenemos cientos, miles de nuevos sabihondos de copa y botella con etiqueta.

En el restaurante, el tipo se olvida de los demás comensales y discute con otro sabihondo, el nuevo sommelier. Se empeñan en oler el corcho y dejan huérfanos de adjetivos favorables el diccionario del vino. Eso sí, en algo marchan juntos: les encanta decir maridaje.

Sin etiqueta en la botella, la discusión puede volverse interminable. Como la memoria olfativa que poseen es escasa, recurrirán al precio. Siempre encontrarán sublime, fantástica, la botella cara, exorbitante.

A ese estilo las universidades de Oxford y Londres (que tienen cavas sabiamente bien surtidas) le acaban de dar una cachetada. En el momento menos propicio para la industria, presentaron en cata a ciegas seis champagne de Francia y un vino espumoso. Los catadores fueron cuatro expertos de la industria, seis del comercio del vino pero no especializados en champagne y cinco bebedores sociales.

A ciegas, ganó el espumante de 60 dólares. Perdió el famoso de 600 dólares, y sus hermanos de alto precio.

II

Otra forma (tardía) de reconocer al nuevo pedante del vino es por sus sentencias.

Las más usadas, documentó García López, son estas: “A los americanos les hizo falta una década para hartarse del Chardonnay”. “Yo sólo hago catas con copas Riedel (el Ferrari de la cristalería)”. Al final de cuentas, no son tan caras. “Este vino es tan genial que puede maridar con carnes rojas, sushi, cebiche, o solo, como postre”.

“Sé distinguir lo que me gusta” es frase que un sabihondo utiliza para defenderse cuando ve su posición en la mesa amenazada. Posee destello de genialidad. “Implica dos cosas contradictorias: modestia y defensa de la propia ignorancia”.

No hay nada como hacer alarde de lo que se desconoce para no tener que escuchar a nadie.