• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Patricio Pron

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Trae la portada una ilustración en la que predominan tonalidades azules, verdes y grises: un pedazo de una casa: varios jarrones con plantas, una mesilla al lado de un sillón, una estantería con libros, un par de zapatos en el piso: un ambiente peculiar, abigarrado por el juego visual de las plantas, que difícilmente podría inquietar al lector.

Entras en el libro, trece relatos reunidos bajo el título de La vida interior de las plantas de interior (Random House Mondadori, España, 2013), y algo comienza a cambiar. En el ánimo. En la cuidada atención con que se espera la frase que sigue. Porque muy pronto uno se percata de que es la existencia misma la cosa que ventilan estos cuentos extraordinarios. Quiero decir: que hay en la atmósfera de cada uno una tensión, una incomodidad de fondo, una condición decisiva en debate: el sentido o el sinsentido o el déficit del sentido que tienen las vidas en nuestro tiempo. Insisto: en La vida interior de las plantas de interior no sólo encontramos a un gran escritor, sino una sensibilidad: una literatura que transcurre entre lo que nos hunde y nos salva.

El que los trece relatos estén cargados de “sentido” no quiere decir que sean discursivos o que se dobleguen por el peso de las abstracciones. Fluyen. Cautivan al lector. Nos imantan hacia su desenlace. Patricio Pron hace las dos cosas: construye historias de las que uno no puede despegarse (su control de cada relato es admirable), pero tiene “un toque” que, si se me permite, lo hace un autor singularísimo: su modo de hablar de la imperfección inherente a la condición humana; su capacidad de dibujar con lápiz afilado y mínimos trazos, la hondura que tienen ciertos acontecimientos y derrotas. Puede parecer una afirmación imprecisa, pero no lo es: la de Patricio Pron hace una literatura de personas. Su inflexión: el punto donde las personas debatimos (redescubrimos) lo que significa vivir (algunos de estos relatos parecen brillantes piezas para ser leídas bajo la óptica de la teoría del deseo mimético, de René Girard).

Quiero detenerme en dos temas que son como ejes axiales de este libro. El primero (he estado tentado de escribir que es casi un ars poética) que se refiere a la soledad que envuelve la vida de los solitarios personajes que comparecen en estos relatos inolvidables: como si ella fuese la condición última, el destino, el lugar donde se reafirma o se consume la esperanza. La segunda: Pron, al menos en este libro, escribe con la puerta de la cocina abierta: el lector adquiere un estatuto privilegiado, el de ser testigo de los procedimientos y técnicas de sus relatos. No sólo los debates propios de la mesa de trabajo sino también las miserias de la profesión del escritor encuentran aquí su impecable escenificación.