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Ignacio Ávalos

El señor Aveledo

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He hablado con él solo muy pocas veces. Una de ellas hace algunos años, seis o siete, cuando me lo encontré en el universitario, él en su condición de sosegado seguidor de los Cardenales de Lara y yo de nervioso feligrés de Los Tiburones de La Guaira. Hacia el quinto inning y con mi equipo cómodo en el marcador, nos topamos en la arepera que se encuentra detrás de las tribunas y tuvimos una breve conversación, de esas que permiten las pausas propias del beisbol, un deporte que transcurre en medio de espasmos. Él venía de ser el presidente de la Liga de Beisbol Profesional de Venezuela durante dos muy exitosos períodos, y, sin que recuerde a cuenta de qué, me explicó lo difícil que era el cargo, describiéndome complejidades que yo ni siquiera imaginaba. Además de este dato que luce raro en su currículum, su trayectoria política muestra una lista larga de responsabilidades muy importantes y seguramente nada fáciles. Pero no parece arbitrario suponer que ninguna tuvo una envergadura semejante a la tarea de poner orden y concierto en la oposición, fungiendo como secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad, la famosa MUD.

No tuvo, pues, que redactar su carta de renuncia, publicada hace algunos días, para que nos enteráramos de lo arduo que debió haber sido su trabajo al frente de la MUD en tiempos tan enrevesados y espinosos como los que le tocaron. Lo difícil que debió haber sido coordinar tanta heterogeneidad política en su seno (a ratos con su rostro bueno, pero a ratos con su apariencia de saco de gatos) y tantos intereses (legítimos unos y otros no tanto), aunados al despropósito de ciertos líderes, más ocupados en oír el pulso de sus agallas que el de las conveniencias nacionales. Encima, y por si lo anterior fuera poco en materia de escollos, lo difícil que debió haber sido tener que actuar en un entorno político muy lejano al “fair play”, diseñado desde el antojo gubernamental. El alegato que expuso para justificar el abandono de su cargo, luego de cinco años de ejercerlo, se comprende claramente y resulta imposible de contradecir. Se marcha luego de realizar un trabajo de gran calidad intelectual, política y moral, cuya eficacia esta a la vista de todos. En su gestión hubo inteligencia, tino, amplitud y “mano zurda”.

Esta breve nota escrita por alguien que no es, para nada, un entusiasta militante de la oposición, aunque sí un ciudadano de a pie cada vez más alarmado frente al desgobierno chavista, quiere reconocer, por elemental sentido de justicia, el invalorable trabajo llevado a cabo por Ramón Guillermo Aveledo en provecho de la MUD, pero sobre todo del país

Ojalá se abra ahora un nuevo ciclo para la oposición venezolana. Ojalá relea al país y ponga al día las claves que sirvan a fin interpretarlo en su actual circunstancia y para reformatearlo de cara a un futuro cercano. Y ojalá, también, que persista en la unidad, a sabiendas de que la unidad es el medio, pero también es el mensaje.