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Fausto Masó

En el segundo aniversario…

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¿Todavía no se ha movilizado la Armada venezolana en defensa del mar territorial? Con el permiso de Guyana la Exxon está explotando petróleo en aguas territoriales que nos pertenecen. El difunto Chávez declaró que la reclamación del Esequibo había sido una maniobra imperialista. Los guyaneses lo aplaudieron y actúan en consecuencia. Veremos si Maduro rechaza esta parte del legado de Chávez.

Al cumplir el segundo año del fallecimiento de Chávez, Nicolás Maduro quisiera resucitarlo para que los electores voten por el PSUV. Las encuestas muestran un panorama cada vez peor para el oficialismo, y empeorará para el día de las elecciones. Maduro habla como Chávez, baila como Chávez, se viste como Chávez, pero todos piensan que Maduro no es Chávez, Maduro es Maduro, es Maduro…

Como dice el tango, contra el destino nada se puede. Chávez todo lo controlaba menos un oscuro tumor que fue el evento decisivo en su vida. El cáncer del colón se detecta con facilidad con una colonoscopia, Chávez rehusó hacerse una.

De ser un hombre todopoderoso se convirtió en un moribundo que rechazaba creer que le quedaban meses de vida, cometió la blasfemia política de suprimir el lema de socialismo o muerte. Nunca había estado dispuesto a morir como el Che Guevara; quería vivir muchos años, pero frente al cáncer echó a la basura la bandera revolucionaria. No llamó la atención su gesto, porque los venezolanos suponían que socialismo o muerte era un eslogan. No estaban equivocados.

Chávez acortó su vida cuando prefirió tratarse el cáncer en La Habana y no en Brasil o Estados Unidos, para controlar la información que se divulgara sobre su enfermedad y no poner en duda la reputación de la medicina castrista. Constantemente, trató de convencerse de que había vencido al cáncer, aunque no podía ocultar su temor a la proximidad de la muerte. Intentaba mantener el control político de Venezuela. La enfermedad lo volvió un personaje patético.

En persona Castro le comunicó la mala nueva, le dijo: “Chávez, células malignas”. No le dijo cáncer, o tienes un tumor, sino habló de “células malignas”. La noticia le movió la tierra bajo los pies, sus hijas le habían comentado que Fidel Castro andaba muy misterioso. Castro le agregó: “Primero es la vida para un revolucionario, Chávez”.

La real gana de Hugo Chávez había tropezado con una pared; de victimario se volvió víctima. Le surgió un rival, la alternativa de los toreros, la muerte. El rayo que cae del cielo desbarató una agenda que había controlado, era el director de orquesta del debate venezolano, imponía un tema tras otro, pero intentó utilizar el cáncer políticamente, rechazar la gravedad de su enfermedad a pesar del tiempo que se pasaba en tratamiento fuera de Venezuela. Habíamos desayunado, almorzábamos, hecho el amor, a la sombra de Chávez que hacía lo que le venía en ganas, exhumó en cadena nacional los restos de Bolívar, para demostrar que había sido asesinado por los norteamericanos. Regaló réplicas de la espada del Libertador como estampitas que el cura  entrega a los catecúmenos. Alteró el nombre de Venezuela, los símbolos nacionales, atrasó media hora el reloj, impuso una fantástica esquematización de la historia del país, rechazada inútilmente por los historiadores académicos. Agregarle una estrella a la Bandera, cambiar la orientación del caballo en el Escudo Nacional, fueron audacias que un simple dictador hubiera evitado por innecesarios, pero que sirvieron para demostrar su poder hasta para alterar los símbolos patrios. Chávez fue el único actor de estos años hasta que el tumor lo derrotó.

En un acto de valentía, Chávez había reconocido en una entrevista con José Vicente Rangel, grabada en las instalaciones de la Academia Militar, que había llorado cuando recibió la noticia de que padecía la enfermedad. “Cuando lo supe me fui al baño a verme los ojos; lloré, lloré, lloré. Lloré por mis hijos, lloré como el 12 de abril de 2002”.

En el segundo aniversario de su muerte, Maduro intenta darle la espalda al legado de Chávez y al mismo tiempo usar a Chávez para ganar las elecciones.