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Sergio Monsalve

El secreto de la redención

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Ben Stiller viene despuntando en el ámbito de la nueva comedia americana, desde la década de los noventa, cuando estrena sus primeras películas, Reality Bites y The Cable Guy, cintas agridulces sobre la soledad, la angustia y el vacío de la generación de relevo.

En cada una de sus piezas, el actor cumple un papel destacado como realizador e intérprete. Entre las principales obras del director, cabe mencionar  Zoolander y Tropic Thunder. La primera de ellas dejaba al desnudo el absurdo imperante en el mundo de los trapos y su gente.

La segunda dinamitaba los resortes del género bélico. Las industrias de la moda y de la guerra recibían así una descarga de incorrección política, digna de verse en la pantalla grande.

Ahora nos llega La vida secreta de Walter Mitty,  la más reciente sátira del mencionado creador, inspirada en el relato homónino de James Thurber, adaptado al cine con anterioridad.

Por ende, el largometraje adquiere los tintes de un curioso remake, abocado a profundizar en diversos temas, como la crisis de los medios de comunicación, los recortes laborales, el paso de lo analógico a lo digital, el fin de una época y el principio de otra.

El protagonista es el responsable de la sección de negativos de la famosa revista Life, cuyo último número impreso se coordina durante el desarrollo de la trama, para dar cabida a su definitiva versión en Internet. Aquí surge el gran dilema de la historia: seguir o no con los principios de los padres fundadores de la empresa.

Poco a poco, el desarrollo de las acciones irá develando una posible respuesta para la pregunta planteada.

Mientras tanto, el personaje central vive sumergido en una realidad paralela, enajenándose del entorno a través de sus pensamientos, de sus pesadillas y sueños.

La fotografía y los efectos especiales ilustran su grado de alienación, valiéndose de la paleta de colores y de técnicas como el fuero de foco.

En general, el arte despierta y deleita la sensibilidad estética del espectador.

Los planos generales pueden remitir a la planificación espacial de Jaques Tati en Playtime, sin olvidar su mirada cáustica del entramado corporativo de los castillos burocráticos de diseño.

Aun así, varias aristas del trabajo merecen una discusión aparte. En principio, cuesta desligar al resultado de la plataforma de proyección de una marca registrada.  La moraleja reivindica a los fieles empleados de la compañía. Pero al final advertimos un aire de apología publicitaria. De igual modo, ciertas ramas del conflicto abordan situaciones y esquemas trillados.

El héroe acepta el llamado de la aventura, emprende una odisea, aprende una lección, arregla los entuertos del guión y se tiende a quedar con la chica.

A lo mejor todo es un desmontaje sutil y el desenlace refleja un tono ambiguo, próximo a la condición bipolar del álter ego de Ben Stiller.

En su descargo, el libreto expone una serie de argumentos de interés y plena vigencia.

El hombre vulnerable, el narciso contemporáneo es retrato e imagen de nuestras sociedades anónimas en busca de reconstrucción, después del desbarajuste.

El verdadero periodismo nace del viaje y de la ruptura de nuestros límites.

Hacia allá apunta la brújula de redención  de La vida secreta de Walter Mitty.

Un manual de autoyuda con doble lectura.