• Caracas (Venezuela)

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Cristóbal Guerra

Un santo llamado Vicente

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En otro momento de la vida, Noel Sanvicente pudo ser llamado “salvador de la patria”, o un “redentor” que venía a curar las heridas dejadas por todos los técnicos anteriores. Sin embargo, en el caso de Venezuela esto no es así, pues tal como andan las cosas es un nuevo comenzar. Un montón de sueños pudieron haberse tejido alrededor del nuevo director de la Vinotinto, mas, ante la espera de años y años, solo queda, con las dudas como banderas, esperar resultados que den nuevo aliento a la gente. Sanvicente llega como el indiscutible, y no porque no había nadie más con quien experimentar. La Federación Venezolana tardó ocho meses en admitir que ese era el hombre del momento, y con él se ha embarcado en esta travesía que terminará en el aún lejano Mundial Rusia 2018. El organismo federativo, dándose cuenta de la realidad y después de revisar el inaccesible panorama internacional de técnicos, ha tratado de ganarse al país con el guayanés, y con él va a remar de contracorriente durante todos estos años. Duros tiempos, hay que decirlo, porque según lo que se pinta en el horizonte, nada va a ser fácil, y lo decimos convencidos porque…

Porque según las versiones internacionales, derivadas de las políticas de la FIFA, Suramérica va a ser despojada de la posibilidad del repechaje. Y todo por los asuntos electorales, que pondrán a dos facciones en la lucha por el poder; entonces, prometer un cupo más, o una repesca a los africanos, es apetecible, pues sus casi cincuenta votos pesan mucho más que los diez de Suramérica. Además, por estos lados no hay unanimidad, porque poco importan a Brasil y Argentina los entresijos del repechaje, de lo seguros que se sienten en cuanto a su clasificación a Moscú. Entonces, sin esa posibilidad que hasta ahora ha dado el quinto lugar, y con la vuelta a las eliminatorias de los brasileños y el regreso a la lucha de los renovados Paraguay, Perú y Bolivia, cuán dura será la empresa. Sanvicente, no obstante, lo va a intentar. Ha renunciado a las comodidades de Barinas, donde ha dirigido con éxito al Zamora, para ir procura del tesoro en el arco iris. No ha anunciado, oficialmente, convocatorias; solo ha hablado de algunos de aquellos con los que le gustaría contar. Varios de los que fueron sus dirigidos en el Caracas, en aquellos años dorados de la camiseta de la Cota 905. Entonces, como un aguacero de madrugada, de esos que nos sorprenden cuando vamos al trabajo, han llegado ya algunas críticas. ¿Qué hace un técnico cuando es nombrado? Pues llegar con sus hombres de confianza, los íntimos. Criticar de una vez es ser apriorístico: ¿no recuerdan a la Argentina campeona en México 86? Carlos Salvador Bilardo, entonces técnico albiceleste, llevó a José Luis Brown, zaguero central y autor del primer gol de la final ante Alemania, a pesar de que, cesante, estaba a la espera del llamado de algún equipo. Bilardo creó en él, ante el aluvión de críticas y burlas, y Brown fue uno de los mejores defensas del torneo. Por ahora, dejemos a Sanvicente trabajar en paz...

Tanto se ha hablado, tantas cosas se han dicho del Mundial de Brasil. Al comienzo del torneo se criticó con vehemencia a la organización, a  los voluntarios. Esto ha pasado en todos los mundiales, y quien escribe ya tiene ocho.  Las cosas se fueron enderezando, y ya ven: la FIFA le dio 9,25 de calificación, mayor que a Suráfrica, que tuvo 9. Sí, tuvo vaivenes, pero salió triunfante. Sin embargo, lo que los juicios no han tomado en cuenta ha sido el calor humano, la sencillez de un pueblo que los quiso a todos y que a todos recibió de brazos abiertos. Un detalle: cuando el autobús de Argentina pasaba por las calles camino a los estadios, muchos  brasileños, sonrientes y festivos, ondeaban banderas del rival futbolístico. Caminar por Copacabana, beber una cerveza en Ipanema, mirar muchachas lindas en Leblón: Brasil fue todo un detalle. Nos vemos por ahí.