• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Miguel Ángel Cardozo

La crisis sanitaria (III): odontología para borrar sonrisas

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hace unos días, a través de la red de información de la Sociedad Venezolana de Endodoncia, quien les escribe recibió un comunicado –emitido el 23 de junio del corriente por las sociedades científicas odontológicas de Venezuela y publicado en el sitio web de Odontoespacio- en el que se exhorta a “los organismos competentes a dar solución con celeridad al problema del abastecimiento” de insumos odontológicos en el país.

Y es que la práctica odontológica nacional –la profesional, no la que por infame intrusismo ejerce un creciente número de estafadores ante la absoluta indiferencia de las autoridades sanitarias– se ha convertido en una labor intrincada y desasosegante por la escasez de materiales, instrumentos y equipos necesarios para brindar una atención oportuna y eficaz.

Cualquier odontólogo que haya ejercido la profesión en Venezuela durante los últimos años puede dar fe de ello y de lo crítica que se ha tornado la situación, a tal punto que no extrañaría que la incidencia de burnout en el gremio esté incrementándose de manera significativa por el estrés que ocasiona el estar permanentemente a la caza de insumos para abordar problemas de salud que van desde las frecuentes caries, patologías pulpares y enfermedades periodontales, hasta las más diversas afecciones bucomaxilofaciales.

De hecho, hacer una lista de los insumos que en algún momento han escaseado es, de por sí, una titánica empresa: guantes desechables de látex –por no mencionar los de vinilo, de nitrilo y de otros materiales para los alérgicos a aquel–, tapabocas, rollos de algodón, gasas, agujas, anestesia –en sus distintas composiciones y concentraciones–, fresas de carburo de tungsteno –con o sin revestimiento de aleaciones extraduras– y piedras de diamante de todos los tipos, materiales restauradores, limas endodónticas, conos de papel, gutapercha, cementos para el sellado radicular, materiales de impresión, materiales para la elaboración de prótesis provisionales, cementos empleados en prostodoncia fija, suturas, numerosas sustancias para los más variados usos y un –literalmente– larguísimo etcétera.

Pero esa escasez es apenas la punta del iceberg de una crisis que amenaza con reducir la prestación de servicios odontológicos en el país a un pequeño conjunto de iniciativas privadas –de limitadísimo alcance– y a una provisión pública incapaz de satisfacer todas las demandas de salud bucal de la población; y aunque son múltiples las razones que la han provocado, su precipitación es quizás el resultado de tres factores:

*La emigración masiva de odontólogos –con y sin estudios de posgrado en las distintas áreas clínicas– en busca de adecuadas condiciones laborales y una mejor calidad de vida, contándose ya por miles los colegas que constituyen hoy una diáspora que está beneficiando a comunidades enteras en Panamá, Estados Unidos, Canadá, Portugal, España, Italia, Reino Unido, Australia y otros países.

*La manifiesta contracción del subsector privado de la odontología en Venezuela, tanto por lo anterior como por el cierre de muchas clínicas y consultorios a causa de la incompatibilidad entre sus estructuras de costos y la capacidad de pago de sus pacientes.

*Las crecientes dificultades para utilizar la más avanzada tecnología desarrollada en otras latitudes, no solo por los obstáculos que impiden a proveedores y particulares adquirirla –principalmente el restringido acceso a las divisas–, sino por la imposibilidad de un grueso segmento de la población venezolana para costear tratamientos en los que esas innovaciones podrían emplearse, con el agravante de que no existen alternativas locales dado que la investigación y desarrollo nacional en odontología ha menguado por el cada vez menor número de profesionales dedicados a esa actividad y por la merma del financiamiento.

Lo más alarmante es que en medio de tan severa crisis están proliferando criminales aventureros que bien podrían denominarse “barberos sangradores del siglo XXI”, aunque a diferencia de aquellos ancestrales pioneros –magistralmente descritos por el doctor Jesús Saturno Canelón, sobre todo en su libro Barberos y sucesores: Medio milenio de odontología en Iberoamérica (1996)–, estos no están trabajando con denuedo en pro de la salud bucal de la población sin la guía de una ciencia establecida, sino que de espaldas a una ya consolidada a nivel mundial –gracias incluso a los aportes realizados por destacados odontólogos venezolanos a lo largo de varias décadas– están generando nuevos problemas en un maltrecho sistema sanitario –para mayor infortunio de sus usuarios–.

Ante ese panorama queda claro que si con contundencia y prontitud no se emprenden acciones gremiales y sectoriales para frenar tal intrusismo, y si las autoridades gubernamentales no asumen de una vez el rol que les corresponde en la construcción de soluciones a la crisis que lo ha favorecido, la salud bucal de los venezolanos podría aproximarse peligrosamente al borde de la escasez.

Podría ocurrir que tanto en sus rostros como en los de quienes la ejercen, la odontología nacional deje de dibujar las sonrisas que por años han evidenciado su valiosísima contribución a la sociedad.

@MiguelCardozoM