• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

Los sanguinarios de El Cambur

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Ese es el nombre con el cual se autobautizaron los asesinos de nuestra reina de belleza y su esposo. Su pequeña hija salió viva por mera casualidad. Quien disparó la pistola, automática de 19 tiros, la descargó con odio. Con desprecio. Con ganas de matar. Ya los habían asaltado. Pero tenían un aspecto burgués demasiado evidente. Por su ropa y su porte tenían que ser necesariamente escuálidos. Unos ejemplares clásicos de la estirpe ricachona. Unos parásitos de la sociedad. Unos enemigos claros del “pueblo”.

Ay, señor. El homicida. El criminal sanguinario, el que disparó a mansalva, con rencor, resentimiento, desprecio y ganas de matar tiene 19 años. Su formación criminal, su pensamiento, su resentimiento fue anidado, desarrollado y alimentado en estos 15 años. Su tirria ha sido estimulada durante años. Es una guerra civil disfrazada. Mientras la ministra carcelaria suelta docenas y docenas de convictos, muchos de ellos con prontuarios e historias criminales espeluznantes, habla, por otro lado, con ojeriza infinita e inquina rojiza contra la jueza Afiuni, quien, como nuestra miss, es claramente una delegada burguesa. Una representante de la derecha. Una hijita del imperio. Pero cómo no van a merecer castigo esos malvados millonarios que hasta se la pasan viajando al exterior, tal como lo publicara la ministra de Información en otra valiente denuncia contra los cuartorrepublicanos.

Ay con los ricos que siguen creyendo que este país es de ellos, no se dan cuenta de que aquí llegó el socialismo del siglo XXI, un gobierno liberador. Que nos fabrica cada día una nueva patria. Bien lo dicen nuestros dignos ministros y legisladores oficiales. Hay inflación. Desabastecimiento. Criminalidad. Pero tenemos patria. Su lema es sencillo. Patria, socialismo o muerte.

Amigos todos. Esa consigna la han repetido centenares de miles de veces. No van a permitir que Venezuela abandone el “funcionamiento”, la “lógica” del llamado mundo socialista, cuyos claros resultados se pueden evidenciar en los fracasos de Cuba, de la Unión Soviética y en la locura abierta y aberrada del primer ministro de Corea del Norte que, como ejemplo para aterrar a la disidencia, decidió echarles 120 perros rabiosos y hambrientos a la humanidad de su tío y 5 personas más. Murieron a dentelladas babosas y calientes. Así se construye la patria grande de Corea del Norte. Se calcula que Stalin mató a unos 6 millones de personas. Así se construyó la patria grande de la URSS. Se calcula que Pol Pot mató a unas 2 millones de personas. Así se construyó la patria grande de Camboya. Muerte y desarrollo. Muerte y libertad. Muerte y patria.

La propia consigna de contraponer como alternativas necesariamente excluyentes el socialismo y la muerte, sumada a un proceso “educativo” repetitivo, consecuente, machacante, diario, difundido en todos los medios, en todas las direcciones, por todos los jerarcas rojos, durante más de 14 años ha dado como resultado, sin dudas, una sociedad dividida, llena de maledicencias, de desprecios, de ideas fratricidas, de incomunicación, que explican en buena parte lo sanguinario de los actos criminales que en la mayoría de los casos no se detienen o contraen al robo, el secuestro, sino que terminan consumando asesinatos y homicidios.

Voy a citar datos de la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito. Son de 2012. Se refieren a las cifras oficiales de asesinatos por cada 100.000 habitantes. Estados Unidos, 4,7; Uruguay, 5,9; Bolivia, 7,7; Chile, 3,7; Ecuador, 10,8; Asia en general, 3,1; Oceanía, 2,9. Ahora las 2 más altas de América: El Salvador, 70,2; Venezuela, 45,1. Nuestro rival preferido, Colombia, 33,2; Brasil, 21,8. Algo tienen que ver los gobiernos y sus formas de actuación. Las libertades individuales. El respeto ciudadano. El ejemplo de sus gobernantes. De eso no tengo dudas. ¿Su opinión querido lector?