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Fausto Masó

La salida sigue siendo Maiquetía, claro

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Para un joven profesional su mejor decisión es embarcarse en uno de los pocos vuelos que van quedando hacía cualquier parte, donde le irá mejor que en Venezuela. En Chile, en México o en Estados Unidos, aspirará a una vivienda propia, casarse, tener hijos. En Venezuela hoy está condenado a vivir con sus padres, o precariamente. En  otro país saldrá a caminar sin temor a que lo maten. En cambio, hoy un profesional venezolano gana $ 200 o 500 mensuales, el peor salario de América Latina para una persona como él, hasta en África los ingresos de un universitario superan los de Venezuela.

A los mayores de 35 les tocan quedarse en Venezuela y luchar por un nuevo gobierno, consciente de que esto no mejorará demasiado aunque el chavismo sea derrotado en las próximas elecciones.  Esto va para largo, no hay salidas fáciles.

En el pasado en medio del militarismo surgió la ilusión democrática, en un país que estaba palúdico, lleno de enfermedades. Sobrevino la democracia y la prosperidad, hasta que inexplicablemente los venezolanos votaron por un militar. Con la muerte de Chávez el chavismo quedó sin futuro, a ratos parece que no sobrevivirá largo tiempo, pero Chávez dejó una obra, Una Venezuela arruinada. Todavía no reconocemos que Betancourt, Leoni, Caldera, Pérez, Luis Herrera, Lusinchi, fueron los mejores gobernantes que ha tenido Venezuela: crearon instituciones, aceptaron gobernar períodos limitados de tiempo, realizaron elecciones libres y honestas.

El futuro no es halagüeño. La  banca de inversión Barclays Capital en un informe reciente afirmó que por primera vez surge la posibilidad de que Pdvsa no pague sus deudas, de seguir las cosas como van. Es decir si no se toman decisiones, decisiones que agregamos no son fáciles.

Según Barclays Capital “la inacción” o la “falta de acción de las autoridades” en un escenario de bajos precios del petróleo puede llevar al país a no pagar sus deudas en el 2016.“De existir cesación de pagos la esperamos después del segundo trimestre del 2016, tanto para Pdvsa como para Venezuela”, afirmó el jefe de investigaciones económicas para América Latina de Barclays, Alejandro Grisanti en la red social Twitter.

Barclays agregó que la estatal petrolera puede cumplir con los pagos del 2015 y febrero del 2016. Es posible una recuperación de los precios del crudo y otros préstamos de China.

Ese es el futuro venezolano, negro. Una victoria de la oposición  en las elecciones de diciembre abriría una esperanza a mediano y largo plazo, porque inicialmente habría un conflicto de poderes y aunque la oposición se impusiera no sería fácil tomar las medidas que el país requiere. Algo mejorarían las cosas, pero ese profesional del que hablamos, aun así tendría más oportunidades en otro país, esa es la razón por la que no cesa la emigración de los venezolanos, un fenómeno único en nuestra historia. Esa es la verdadera herencia de Chávez, su huella fundamental en el país: la huida masiva de nuestros jóvenes.

El propio Chávez comprendió la necesidad de aumentar la producción de petróleo. No pudo hacerlo, fracasó. Hoy con una Venezuela con 125000 empleados es un monstruo sin futuro. Habría que crear otra empresa petrolera o volver a los tiempos previos e la nacionalización, invitar a volver a la Shell, la Creole, la Exxon.

¿Qué hacer?

No es fácil como decía un gran animador de la televisión, con el tiempo quizá en diez años, las cosas cambiarán, con la posibilidad siempre de que sea para peor. Por eso chavistas y oposicionistas mandan a sus hijos al exterior. Algo realmente insólito en Venezuela que en otra época recibió una valiosa inmigración y de donde nunca se marchaban los propios venezolanos. Esa, repetimos, es la verdadera obra de la revolución, el hombre nuevo que aspira a buscar trabajo en el extranjero.

Chávez detestaba la inversión, vio en los empresarios a sus enemigos, apostó a los lejanos chinos para desarrollar Venezuela, pero nunca creó condiciones para invertir en el país, al contrario alentó la fuga de capitales y la fuga de talentos.

Así nos va, catastróficamente.