• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

Se les salen

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En definitiva son muchas las razones para que sintamos la absoluta necesidad, a nombre del país como un todo y de cada uno de quienes lo habitamos y nos duele su destino, de darle un alto de cierre a este régimen de autoritarismo militar y desempeño delictivo. Volver a enumerar dichas justificaciones por demás válidas parecería ocioso, pero es un deber la reiteración, mientras haya quien arrastre dudas acerca del compromiso y el significado de participar en la gran acción colectiva de higiene nacional, para recuperar cuanto ha sido envilecido, desvirtuado y saqueado por la barbarie gobernante.

Impresiona realmente de qué manera y con qué frecuencia se les salen la crueldad de bestia agresiva que llevan en sí, el bruto primario, el hampón que aun esforzándose en disimularlo es por su naturaleza intrínseca siempre perceptible, el voraz saqueador, el chabacano que se cree gracioso por decreto; todo lo cual más que simplemente salírseles, brota exultante de cada uno de ellos. Asimismo, entre quienes roban y quienes asesinan sin que nada les suceda, han hecho del país un reino de la impunidad.

Un simple vistazo a la prensa obliga a comenzar con el tema de la violencia y la inseguridad, incluida la reactualización de casos de torturas infligidas por miembros de organismos estatales que la practican de rutina. Cual evidencia de la subvaloración oficial de la vida humana, a las salas de emergencia ahora ingresan centenares de seres golpeados y heridos, cuyos familiares han devenido en deudos que en morgues llenas reclaman los cuerpos de esas víctimas, sin que ello parezca importarle al gobierno, que reparte armas a manos llenas.

Ante el desolador panorama de quiénes tienen en sus manos la conducción del país y la libre administración de los bienes del mismo, como también ante los responsables de la expandida militarización de las diferentes instituciones e instancias de poder, uno se pregunta ¿de dónde salieron?, ¿qué formación tienen para los cargos que ocupan?; son subalternos grises  públicamente regañados y burlados, pero que no renuncian porque lo suyo es adular y a todo asentir, pues les es recompensado por una prosperidad económica personal y un cambio de vida; sin que alguno haya desmentido ni una vez, las denuncias de las fortunas acumuladas por impunes personeros del régimen.

Son otra gravedad las restricciones y agresiones a la población. Ver a Venezuela transformarse en una isla cuya única salida sea en una balsa y a todo riesgo; pues cada día tiende más a ser un país cárcel, con las prohibiciones de viajes al exterior dictadas por una Fiscalía dedicada como está, policialmente, a la persecución de personas honorables que percibe y califica de delincuentes. Mientras, en morgues desbordadas por la avalancha de cadáveres que les llevan, en algunos casos los patólogos forenses no alcanzan junto al examen detallado de tantos seres abaleados, a análisis balísticos para una eventual identificación de los homicidas. Tenemos sí algo positivo y es una defensora del pueblo sumamente culta, a la cual la tortura (no el hecho brutal), la preocupa mucho en lo semántico.

Nos asiste el derecho –y así lo ha sentido y sabido expresarlo el movimiento estudiantil universitario de convicciones democráticas– a declarar inadmisible el grosero y degradante lenguaje con que el presidente se dirige a quienes en lo político somos de pensamiento y conducta diferentes a lo que él y sus acompañantes tipifican, Debemos mantener como válido y justificado, el más decidido empeño en salirle al paso a tal involución oficial, pues caso contrario la dimensión de nuestros pensamientos y decisiones creativas, corresponderá por último a la de un país hundido en una deplorable ruina total.