• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El salario del miedo

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Le salaire de la peur es el nombre de una magistral película francoitaliana de 1953 dirigida por George Clouzot y protagonizada por Yves Montand y que, argumentalmente, tiene que ver con nuestro país, pues explota la tensión entre un grupo de hombres que transportan nitroglicerina para usarla en la extinción del incendio petrolero en la zona del lago de Maracaibo. Y el nombre del filme sale a colación cuando se anuncia un aumento de sueldo para los militares de 60% y un ajuste de consolación de 10% en el salario mínimo de trabajadores y pensionados.

Henrique Capriles ha señalado que esta compensación es una burla a los trabajadores y pensionados. Razón tiene y mucha; pero es pertinente añadir que el gobierno bolivariano, sedicente redentor de la clase obrera, no es que se mofa de ésta, sino que la insulta ofreciéndole una limosna de nueve bolívares al día, los cuales apenas alcanzan para adquirir dos huevos.

Además la ofende con la ominosa asimetría que privilegia al sector castrense y humilla al proletariado y, por si fuera poco, profundiza su afrenta con los amañados cálculos realizados por Maduro al afirmar que, con esa miserable dádiva, ahora el sueldo mínimo supera los 4.000 bolívares mensuales.

Una falacia más por parte de quien, como sostiene el profesor Alexis Márquez Rodríguez, se vale de toda suerte de eufemismos para tapar la realidad con “un lenguaje que da risa”, pero que, además, se ha revelado como un embustero contumaz.

Aparte del nada disimulado carácter electorero del anuncio mediante el cual el régimen pretende paliar las penurias que su incapacidad genera y que se traduce en uno de los más elevados índices de inflación del planeta, además de una recurrente escasez así como desabastecimiento generalizado, ya no sólo de alimentos fundamentales para la dieta diaria, sino de artículos y productos para el cuidado e higiene personales, la medida nos mueve a pensar que detrás de la misma hay algo más.

Sin duda hay temor y miedo a los militares quienes, al parecer, tienen la sartén por el mango y manejan a voluntad a los pocos civiles que van quedando en cargos relevantes de la administración pública. Un reciente encuentro entre el presidente de Fedecámaras y el ministro del Interior podría abonar algunos elementos en favor de esta tesis.

Este salario del miedo no le reportará al Gobierno los dividendos que espera obtener porque está viciado de iniquidad; por el contrario, contribuirá a reforzar el creciente rechazo a Maduro que, encuestas mediante, se percibe inexorable y definitivo.

La angustia que embarga al sucesor, la tensión que -como en la película aludida- lo mantiene al borde de un ataque de pánico, son los motores de un accionar político cada vez más errático. Esa desorientación se traduce, como es lógico, en medidas económicas que en nada resuelven la crisis y en políticas públicas que anuncian la crónica de un fracaso rotundo.