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Los sacerdotes, verdaderos patriotas con sotana (III)

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Sitio de Valencia. La ciudadela organizada por Urdaneta con 280 soldados ante la presencia enemiga de de más de 3.000 efectivos, fue ejemplo de sacrificio por parte de los defensores. El arzobispo de Caracas, el español Narciso Coll y Pradt, se encontraba con 40 sacerdotes a su paso para Calabozo, y tuvieron que sufrir los embates del hambre, la sed y el ataque enemigo, algunos de los sacerdotes  murieron. A Urdaneta lo acompañaban, entre otros, el sacerdote Salvador Delgado. El sacerdote y doctor caraqueño José Gabriel Lindo, rector de la Universidad de Caracas en 1807, entusiasta por la emancipación, persona de confianza del Libertador, fue enviado en 1816 por Morillo detenido a España, donde murió en la prisión de Cádiz al año siguiente.

Campana de Apure. Varios sacerdotes se incorporaron al ejército de Páez y participaron como capellanes y combatientes en la reserva, durante los combates de Achaguas, el 25 de septiembre de 1816; El Yagual, el 11 de octubre de 1816, y Toma de San Fernando, el 15 de octubre de ese año. Entre ellos podemos mencionar a José Félix Blanco, vicario del ejército; Ramón Ignacio Méndez, Trinidad Travieso, Luis Mendoza, Antonio María Briceño Altuve, el presbítero  Becerra.

Campana de Guayana. En esa importante actividad realizada el año 1817, el sacerdote y coronel José Félix Blanco, comandante de las Misiones del Caroní, apoyó decididamente al Ejército Republicano, que triunfó el 11 de abril de 1817, en la batalla de San Félix, dirigida magistralmente por el general Manuel Piar.

Casa Fuerte de Barcelona. Durante el asalto a la Casa Fuerte de la Purísima Concepción el 7 de abril de 1817, por parte del jefe realista Juan Aldama, algunos padres franciscanos, entre ellos Juan Antonio Godoy y uno de apellido Serra, que se encontraban protegidos por el valeroso Pedro María Freites, murieron heroicamente mientras suministraban los  últimos auxilios religiosos a los niños, mujeres, ancianos, heridos y moribundos que allí se encontraban.

Atentado del Rincón de los Toros. Campamento ubicado cerca de San José de Tiznados, donde se encontraba el Libertador el 17 de abril de 1818. En la medianoche sufrió un atentado por parte del capitán realista Tomás Renovales. En la confusión murieron un sacerdote de apellido Prado y su sacristán.

Congreso de Angostura. En ese magno acontecimiento realizado el 15 de febrero de 1819, en Angostura –hoy Ciudad Bolívar–, participaron el sacerdote y doctor Ramón Ignacio Méndez y el sacerdote trujillano Antonio María Briceño Altuve, diputado por Barinas. Monseñor Mariano Talavera y Garcés, tío de la heroína Josefa Camejo, facilita en mayo de 1821 la liberación de Coro por parte del general Urdaneta; Bolívar lo denominaba “el mejor orador de América”.

Campana de Carabobo. El sacerdote y coronel barquisimetano Andrés Torrellas, deserta de las fuerzas realistas y se incorpora a finales de 1820 a las filas republicanas. El vicario del ejército libertador en la batalla de Carabobo fue el sacerdote y doctor Ángel Briceño.

Constitución de 1821. La Constitución de Cúcuta, sancionada el 30 de agosto, fue firmada por ocho sacerdotes a saber: Vicente Maya, Ramón Ignacio Méndez, Luis Ignacio Mendoza, Ignacio Fernández, Francisco Ribas, José Félix Blanco, Antonio Briceño Altuve y Rafael Lasso, panameño, amigo del Libertador.

Sacerdotes que se encuentran en el Panteón Nacional: sacerdote José Vicente Unda, monseñor Ramón Ignacio Méndez, presbítero y general de división José Félix Blanco y monseñor Francisco Ibarra, primer arzobispo de Venezuela.

Otros distinguidos sacerdotes: monseñor José María Esteves, fue designado vicepresidente del Congreso Admirable reunido el 20 de enero de 1830, en Bogotá; con tal investidura, fue enviado con el general Sucre a entrevistarse con Páez para evitar la disolución de la Gran Colombia, los resultados  fueron negativos. El 10 de diciembre, como obispo de Santa Marta, le suministró los últimos auxilios religiosos al Libertador en San Pedro Alejandrino. Sacerdote Hermenegildo Barranco, cura de Mamatoco, población cercana a San Pedro Alejandrino, acompañó a Bolívar el 17 de diciembre de 1830 en sus últimos momentos. Monseñor Macario Yépez, ilustre prelado barquisimetano, ofició misas en  memoria del Libertador, a la llegada de sus restos el 17 de diciembre de 1842.  Debido a la cólera que azotaba a Barquisimeto, sacó a la virgen de la Divina Pastora por primera vez en procesión el 14 de enero de 1856. Sacerdote Antonio José de Sucre, sobrino del Gran Mariscal de Ayacucho, el año 1893 el presidente Joaquín Crespo lo envía con carácter plenipotenciario a Quito-Ecuador, a tratar de localizar y traer los restos del “Abel de América”. Dejó sus restos el 17 de julio de 1895 en Guayaquil, sin poder conseguir los del ilustre Mariscal.

 

(*) Gral. de Bgda.