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César Pérez Vivas

La ruta de la democracia

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El “socialismo del siglo XXI” ha terminado, como los socialismos del siglo XX, en un “autoritarismo del siglo XXI”, y pretende avanzar a un “totalitarismo del siglo XXI”, para ubicarnos en las especificidades conceptuales con las que Ana Arendt definió la tragedia europea, del fascismo y el comunismo del pasado siglo.

No podíamos esperar menos de un logia militar, que irrumpió por el camino de la violencia armada, al final del pasado siglo venezolano. Solo el discurso del “socialismo”,  los podía legitimar en su ambiciosa vocación de poder total. Y digo esto, porque no todos los militares del 4-F, eran conceptualmente marxistas. La mayoría de ellos estaban muy lejos de compartir los valores y métodos del marxismo. Lo que sí había allí era una ambición desmedida de poder. Unos, animados de un espíritu positivo de hacer un país mejor, pero otros, los más, tocados por una ambición de poder y dinero.

No surge este socialismo del siglo XXI de un debate de ideas, de una lucha política y  social. Surge de un cuartelazo. De una tentativa de asalto al poder con las armas. Así reaparece en la vida política el militarismo venezolano que hoy nos gobierna.

Las circunstancias de la vida política los llevó al poder de nuestro país, coincidiendo con una época de recursos financieros súper abundantes, como resultado de la realidad económica y geopolítica del mundo. Ese inmenso flujo de dinero les ha permitido perpetuarse en el poder. Ha sido tan irresponsable, la cúpula roja en el manejo del gobierno, que dilapidaron la más extraordinaria oportunidad de modernidad y desarrollo que jamás había tenido Venezuela, destruyendo de paso el aparato productivo alcanzado a lo largo de años, y abandonado la infraestructura de servicios que con gran esfuerzo, la nación había logrado consolidar.

Pero el daño más severo del militarismo gobernante ha sido contra el alma de la nación, y contra las instituciones democráticas. La promoción del odio y el sometimiento de las instituciones han herido severamente su cuerpo social.

No somos el primer país que sufre los embates de un modelo como este. Y no le ha resultado fácil a los pueblos victimas del militarismo, superar tales circunstancias. Los pueblos de la Europa del Este, por ejemplo, vivieron más de 50 años este oprobio. Recientemente celebraban en Polonia los 25 años de la democracia. La lucha de estos pueblos no fue sencilla, pero perseveraron como naciones hasta que la inviabilidad del modelo, obligó al cambio, y al surgir de la democracia.

Densos sectores de nuestra sociedad muestran su angustia y desesperación por la actual situación del país. Todos quisiéramos haber logrado ya el cambio, y el renacer de la democracia. Muchos hemos luchado para que esta tragedia no se hubiese instaurado. Pero la realidad es la realidad, y aquí la tenemos ante nuestros ojos. Una cúpula perversa, vacía de valores espirituales, y por lo tanto democráticos, pretende aniquilar a la mitad del país que no compartimos su visión del hombre, de la sociedad y del estado. Todos, quienes ejercemos una voz crítica frente a sus desafueros, somos considerados “enemigos”, “fascistas”, “apátridas”, etc. Quienes pensamos distinto somos víctimas de las peores campañas de desprestigio. Nunca tenemos razón en nuestros planteamientos. Aquí la única verdad es la del gobierno, conformado por unos seres humanos “cuasi perfectos”, que nunca se equivocan, y cuyas políticas públicas son infalibles. Los dramáticos problemas que vivimos no son de su responsabilidad. Son culpa del imperio, de los empresarios, de los escuálidos, de los enemigos de la patria. Jamás hay error o culpa en quienes gobiernan.

Nuestra lucha debe ser constante, pero paciente. Intensa, pero pacífica. Esperanzadora, pero realista. Debemos entender que estos “regímenes” se aferran al poder, utilizando cualquier medio. De ahí que no podemos ser inmediatistas, maximalistas, e improvisados.

La crisis está haciendo que miles y miles de venezolanos experimenten en la realidad cotidiana el fracaso del modelo socialista. Más allá de la abusiva propaganda y de la manipulada retórica oficial, la realidad está enseñándole a muchos que se creyeron el cuento revolucionario, que todo esto ha sido una gran estafa.

Ahí está la base suficiente de ciudadanos,  para que sumados a quienes ya hemos expresado nuestro deseo de cambio, consolidemos una mayoría tan avasallante, que no habrá forma de impedir, con la organización y unidad política, y con votos contundentes, que  la democracia se restaure en Venezuela. Por eso nuestra consigna es clara: la democracia es el camino, transitemos la ruta de la democracia.