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Emilio Cárdenas

Los rumbos de Obama

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Acuciado por sus críticos y casi a la defensiva, el presidente norteamericano, Barack Obama, aprovechó la ceremonia de graduación del Colegio Militar, en West Point, para formular toda una serie de definiciones en materia de política exterior, que seguramente serán las que utilizará en los dos años y medio que aún faltan para concluir su segundo mandato. Ocurre que sus vacilaciones respecto de lo sucedido en Siria y Crimea y la repentina militarización revisionista de la política exterior de China y Rusia, han llenado de intranquilidad a algunos de los aliados del país del norte.

El discurso presidencial en West Point fue pronunciado al día siguiente de haber, el mismo Obama, anunciado que, para fines de este año, los Estados Unidos reducirán su presencia militar en las arenas movedizas de Afganistán a apenas unos 10.000 hombres para abandonar, en 2016, definitivamente ese país, al que los militares norteamericanos llegaron en 2001, como consecuencia inmediata del atentado terrorista perpetrado contra las Torres Gemelas, en Nueva York. Se trata, como sucediera en Irak, de una salida sin que se haya determinado cuál será la estrategia a seguir. Lo que hace temer que en Afganistán suceda algo parecido al gigantesco caos que siguiera (y aún persiste) al retiro de las fuerzas norteamericanas de Irak.

Las definiciones de Barack Obama, pronunciadas con tono firme, fueron realmente de peso. Por ello vale la pena repasarlas, una a una.

Primero, para Obama, el liderazgo norteamericano es aún indispensable, como dicen los demócratas. Porque los Estados Unidos son, cree realmente, un país excepcional, como sostienen los republicanos. Por ello, ese liderazgo se mantendrá. Estará guiado, como ayer, por dos principios rectores: la defensa de los derechos humanos y el sostén de la democracia en el mundo. Esto es, por los valores esenciales de los norteamericanos.

Segundo, la recurrencia del país del norte al uso de la fuerza será en más excepcional. Esto es, una alternativa de última instancia. En rigor, sólo se recurrirá a ella con moderación y cuando: estén en juego los intereses esenciales norteamericanos, exista una amenaza contra el pueblo de los Estados Unidos, haya vidas norteamericanas en juego o se trate de la seguridad de los aliados del país del norte.

Es cierto, no todos los problemas tienen una solución militar. Por ello, es realmente fácil simpatizar con esta postura del presidente norteamericano. Pero cabe advertir que, en una lectura estricta de este mensaje, temas como los del crimen del genocidio o la agresión podrían quedar, de pronto, fuera del radar de los Estados Unidos.

Seguramente el presidente Obama actuó por convicción, pero teniendo en cuenta que el 47% de los norteamericanos hoy se pronuncia a favor de un menor intervencionismo exterior de su país. Por ello señaló, en esta oportunidad, aquello tan expresivo de que "no porque tengamos el mejor martillo, cada problema es un clavo".

Tercero, en más se privilegiará, con todo realismo, la acción diplomática y el uso de sus distintos instrumentos. Incluyendo por cierto el de las sanciones económicas que, al provocar el aislamiento del sancionado, han probado ser sumamente eficaces. Como lo han demostrado tanto en el caso de Irán -obligada a negociar con la comunidad internacional sobre su peligroso programa nuclear- como también (aunque tardíamente) el del nostálgico -pero intenso- apetito ruso contra la integridad territorial de Ucrania.

Para ello, el empeño en la acción se centrará en adelante en tratar de movilizar a los aliados y en estructurar las coaliciones que, en cada caso, fueran necesarias. Con conciencia de que el derecho de veto chino y ruso sigue perturbando la eficacia del sistema de seguridad colectiva de las Naciones Unidas, que ha quedado paralizado, por ejemplo, en el caso concreto de lo que sucede en la guerra civil siria.

Para impulsar la cooperación de otros países, se creará ahora un fondo especial dotado de 5 billones de dólares, para impulsar el entrenamiento y equipamiento de los aliados. Y debería, es obvio, fortalecerse a los organismos multilaterales.

Cuarto, para Obama, el principal riesgo que enfrentan hoy los Estados Unidos sigue lamentablemente siendo el grave problema del terrorismo, que ahora es mucho más difuso en su estructura pero que continúa operando a la manera de auténtica amenaza global. Trece años después del atentado de 2001, el terrorismo aparece por doquier. Concretamente, en Siria, Nigeria, Somalía, Yemen. Mali, Irak, Líbano y Argelia, por nombrar solamente a algunos de sus principales escenarios.

Quinto, en lo que aún falta de su mandato presidencial, Obama trabajará prioritariamente para tratar de corregir el llamado "efecto invernadero". Esto es, para evitar el deterioro del medio ambiente mundial. Una buena noticia, porque -como señala Jeffrey Sachs- si en diciembre próximo la comunidad internacional, convocada por las ONU no toma medidas "la salud climática se nos deslizará entre los dedos".

Llama la atención que en el discurso comentado, pronunciado ante 1064 cadetes de West Point y sus familias, el presidente norteamericano no hubiera hecho mención alguna a los enormes esfuerzos que los Estados Unidos están haciendo para tratar de liberar el intercambio comercial internacional. Particularmente, en lo que hace al activo escenario asiático y a las complicadas negociaciones que están en curso con la Unión Europea.

También llama la atención que no se haya detenido, un poco más, en analizar cómo supone que será el futuro de la relación de su país con Asia, la región más dinámica del mundo a la que -no hace mucho- el propio Obama definió como el nuevo "pivote" de la acción exterior de su gobierno.

Con palabras se definen los rumbos. Pero son las conductas las que afectan la credibilidad de una administración. Y es en esto último que pareciera estar el problema de imagen exterior del presidente Barack Obama. Temas como el manejo de las llamadas "líneas rojas" que oportunamente definiera respecto de Siria, pesan más que mil palabras cuando de edificar o perder confianza se trata. Por esto, las nuevas definiciones del presidente de los Estados Unidos tienen algún perfil de límites, lo que confirma que el liderazgo norteamericano ya no es lo que fuera.