• Caracas (Venezuela)

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Gustavo Roosen

¿Con quién?

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Hace ya bastante rato que dejamos de preguntarnos por la necesidad de medidas urgentes para frenar la caída de nuestra economía. La pregunta dejó de ser sobre qué para interrogarse por el cuándo. La indecisión no hace sino prolongar y agravar una situación absolutamente insostenible. La gran preocupación hoy es que quienes más conscientes deberían estar de esta urgencia parecen no estarlo, o no tienen la claridad y el valor para tomar las decisiones que deberían, enredados como están entre asumir el costo político o prolongar el autoengaño sobre un esquema probadamente marcado por el fracaso.

Si algo parece haberse vuelto evidente para los venezolanos de hoy hasta convertirse en un punto de consenso, al menos en el plano de los conceptos, es el agotamiento del esquema rentista y la necesidad de adoptar un modelo de país productivo. Tardará mucho para que este concepto se convierta en cultura. De todos modos, lo urgente, por de pronto, es decidir y asumir el altísimo costo de un proceso de estabilización económica que dé paso a otro, más largo y más exigente, de recuperación. La pregunta es con quién.

Imposible responder a la pregunta sobre con quién contar para la recuperación del país sin pensar, de entrada, en el millón y medio de venezolanos que han tenido que emigrar, en los millones de jóvenes que han visto retrasada su formación profesional por el estado de agobio, carencias y confrontación con el poder de las universidades públicas venezolanas, en los miles y miles de compatriotas que no encuentran posibilidades para una formación técnica de calidad por la falta de escuelas técnicas y las deformaciones y empobrecimiento de una organización como el INCE, en los empresarios que han tenido que limitarse a sobrevivir renunciando a su función productiva para dedicarse a superar las trabas y la persecución de un gobierno hostil y desorientado.

Venezuela necesitará con urgencia llenar estos vacíos: el de los talentos ahora fuera del país, el de una educación de calidad y adecuada a las exigencias del cambio, el de la formación profesional y técnica de sus jóvenes, el de la investigación y el desarrollo de la innovación, el de un empresariado –pequeño, mediano y grande– entusiasmado con la posibilidad de generar bienes, de invertir, de producir, de hacer país sobre la base de amor al trabajo, de iniciativa, de organización, de generación de confianza, de creación de puestos de trabajo productivo. Son vacíos que tienen que ver con la gente, con la mayor riqueza del país, con la fuerza indispensable para cualquier tarea de reconstrucción.

Mientras Venezuela reclama por las urgentes medidas que abran camino a un período de estabilización económica, no está de más recordar la naturaleza, condiciones y exigencias de la recuperación. Si estabilizar tendrá un costo político, recuperar exigirá planificación, tiempo, disciplina, trabajo, acuerdo social, renuncia a la cultura rentista, participación de todas las fuerzas productivas. Nada de esto será posible, desde luego, sin la recuperación de la legalidad y de la institucionalidad, sin la creación de un clima de confianza y de seguridad.

Tanto el urgente proceso de estabilización como el más largo, paciente y trabajado de la recuperación exigen, desde luego, un liderazgo claro, proactivo, afirmativo, seguro, inspirador de confianza, no uno simplemente resignado, presionado por lo inevitable, temeroso ante el costo político. La estabilización por sí sola no produce crecimiento. Frena la caída, sienta las bases, es compleja e implica un momento de dolorosos ajustes, pero la recuperación exige mucho más y tomará mucho más tiempo. Solo la demagogia caería en el error de ofrecerla como fácil e inmediata, más si lo que se propone es un cambio de modelo, de rentista a productivo. Hacerlo no termina en una declaración. Implica la transformación de una cultura. El paso indispensable para comenzar no puede ser sino la creación de un clima de confianza, en todos los órdenes y para todos los actores.

¿Recuperación con quiénes? Con todos, con lo mejor de cada uno.