El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Luis Pedro España

El round social

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Esta campaña electoral prometía sorpresas, pero el asunto de cambiar de signo con tanta periodicidad quizás no era una de ellas. Esperábamos radicalismos de un lado y posicionamiento del otro. Giros estratégicos para completar las estrategias y abordaje progresivo de los temas por cada bando.

Todo eso ha ocurrido, pero con una velocidad de semanas. En otras campañas, de las muchas que hemos tenido, cada comando se aferraba a su programa; en la presente no. Antes de llegar al primer tercio el Gobierno se moderó, cuando normalmente lo hacía en el último.

Así como no deja de llamar la atención la permanente iniciativa que ha mantenido la oposición, aun cuando en el pasado optaba por una actuación más reactiva y defensiva frente a un Gobierno acostumbrado a poner los temas.

Esta semana hemos sido testigos de lo vertiginoso de los cambios en el desempeño de los comandos, lo cual da cuenta de que estamos en presencia de una contienda reñida.

La oposición le ha dado un golpe de timón al discurso, se ha lanzado a lo que muchos estábamos esperando, ha colocado su propuesta de compromiso de apoyo a los más pobres como una de las políticas necesarias dentro de un ofrecimiento que desde el principio se presentó como progresista.

Los cinco compromisos sociales presentados por Henrique Capriles el 24 de julio durante la celebración del Día del Natalicio del Libertador, va a colocar los asuntos de campaña en un lugar que hasta hace poco el Gobierno creía que era su territorio. Los pobres, la franquicia de las misiones sociales, entraron en disputa por primera vez en mucho tiempo. Ahora la alternativa democrática puede disputarle ese sitio al Gobierno por al menos tres razones.

La primera es su propia ineficacia. Las misiones sociales llevan casi 10 años de implementación y con la reducción del ingreso petrolero se le ha caído la careta a una política social que se jactaba de haber reducido la pobreza y que ha estado desde 2008 (desde el fin del boom petrolero) estancada y sin mostrar avances, incluso con las cifras oficiales.

La segunda, la oposición tiene una candidatura presidencial a la que no se le atora en la garganta la palabra pueblo o la identificación con los pobres. Es auténtica y hace empatía con los venezolanos más humildes.

La tercera, cuenta con un programa de gobierno, con una propuesta electoral que no es improvisada y que trata, a pesar del desbordado populismo gubernamental, de mantenerse dentro de los márgenes de la viabilidad y posibilidad material de cumplir.

Con la presentación del compromiso con las familias más necesitadas la oposición vuelve a tomar la manija de la campaña y obliga al Gobierno a defender una gestión que no tiene y unos éxitos que maquilló gracias al boom del petróleo, pero que hoy, luego de cuatro años de relativa estabilidad en los precios, carece del aumento del consumo o de las mejoras sociales que dependen de lo económico y para mostrar logros que en un contexto de bonanza rentista cualquiera hubiera tenido.

Vamos a otro capítulo de la contienda. Vamos al debate social. Se supone que en este capítulo el campeón es bueno. Es la hora de ver al retador en ese terreno.

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