• Caracas (Venezuela)

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Valentín Arenas Amigó

¿Qué es una revolución?

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Después  de haber vivido más de quince años en eso que llaman “revolución”, bien vale la pena resumir en pocas líneas qué es una revolución.

Revolución es inseguridad total comprobada por los homicidios semanales que no paran y la impunidad, porque se desprecia en el fondo la vida del ciudadano. Revolución es desconocer la Constitución y el Estado de Derecho para que el Ejecutivo maneje, a su antojo, todos los poderes del Estado, y desconocer los derechos humanos. Revolución es destrucción de la economía del país con la caída en la producción de bienes y servicios y una inflación récord que encarece los alimentos y perjudica a los sectores más pobres de la población. Revolución es vivir todo el tiempo haciendo propaganda y promesas que después se incumplen y son sustituidas por otras nuevas que corren la misma suerte.

Revolución es hablar mucho todos los días sin poder presentar nunca una gestión de gobierno eficaz porque no existe. Revolución es usar la fuerza del poder no para construir un país mejor, sino para destruirlo todo como una “política de Estado” y así eliminar a los opositores. Revolución es desconocer y violar impunemente los derechos humanos de los ciudadanos, pues son cosas y no personas; revolución es imponer una filosofía de vida que somete el ciudadano a la esclavitud utilizando como instrumento la educación desde la  primaria hasta la universitaria, lo que explica esa guerra declarada contra la UCV y demás universidades. Revolución es destruir tanto los poderes nacionales como regionales y municipales al extremo de dejarlos sin recursos para forzar su “dependencia” del poder central y único, política esta que es llamada después “democracia participativa y protagónica”. Revolución es destruir para sustituir la cultura de la democracia  y libertad por otra nueva de autocracia y esclavitud. Revolución es tomar el poder, por la vía que sea, en beneficio de una minoría corrupta que termina enriquecida, en tanto las mayorías terminan siempre empobrecidas y además sometidas. Revolución es sustituir la soberanía popular, única válida por el poder popular, un supuesto poder popular que reside en una sola persona y no en la mayoría de los ciudadanos como corresponde. Revolución es hipotecar el futuro de un país recibiendo préstamo de otros Estados que serán cancelados después por las futuras generaciones haciéndoles así pagar su rebeldía por defender el derecho de ser libres. Revolución es utilizar a los libertadores como bandera proselitista para después arrebatarle a un pueblo la libertad. Revolución es simular que se defiende la soberanía nacional cuando políticamente se está sometido a otro país quebrado al extremo de entregarle no solo sus recursos económicos, sino el manejo de importantes sectores del aparato estatal. ¿Traición? Revolución es confiscar todo lo que es propiedad privada del ciudadano –desde una empresa o una casa hasta su automóvil– y pasarle su titularidad al Estado violando la Constitución como instrumento para asegurar su sometimiento total. Revolución es “hegemonía comunicacional” para así mantener engañado al sector del pueblo menos preparado y más desesperado por la crisis económica echándoles cuentos y haciéndoles promesas y más promesas a todos los ciudadanos. Esto es lo que hacen las cadenas.