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Elías Pino Iturrieta

La “revolución” y la historia

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Un manual para niños ordenado por el gobierno habló de la teta cubana que amamantó a Simoncito Bolívar para que las redes sociales, incluido quien escribe, ocuparan su tiempo en el debate del tema. Debate con fundamento, debido a que generalmente se ha sabido que una famosa nodriza negra fue la encargada del alimento de la criatura, pero en especial por el hecho de que se buscara espacio en un texto dedicado a párvulos para filtrar la curiosa información. Carece de importancia el hecho de que una amiga cubana de la sagrada familia ayudara por unos días a la señora de la casa en el cuidado del recién nacido, pero adquiere relevancia por el propósito que los lectores advierten cuando se sorprenden con el dato. ¿Por qué, en un manualito de rudimentos, en un libro dedicado a la más tierna infancia, se agrega una información que sirve de poco, o más bien de nada, para la formación de unos muchachitos por quienes debe velar el Ministerio de Educación?

Muy fácil. Por la misma razón que tuvo Chávez para afirmar que el 19 de Abril de 1810 fue un movimiento cívico-militar, calificación que habitualmente usamos los venezolanos para explicar sucesos como el 18 de Octubre de 1945 y el 23 de Enero de 1958, en cuyo desarrollo puede hablarse de una conjunción de figuras de los partidos con habitantes de los cuarteles para llevar a cabo un suceso de naturaleza política. A la fuerza quería ubicar al ejército en los orígenes de la nacionalidad, aunque el tal ejército apenas existiera en el reino de las fantasías. Por la misma razón que tuvo el “Comandante Eterno” para proponer la peregrina hipótesis de que el Libertador pudo ser envenenado por un agente de Estados Unidos. Si el imperialismo yanqui es culpable de los males de la actualidad, según las explicaciones más socorridas del paracaidista devenido historiador, ¿no convenía relacionarlo con la muerte del Padre de la Patria? No solo se contrataron especialistas para estrambóticos trabajos de detectivismo. También se llegó al extremo de escarbar las cenizas del héroe en la persecución de la mano larga y oscura de un Tío Sam que todavía no había nacido. Por la misma razón que tuvo el “Comandante Galáctico” para fraguar un rostro diferente del grande hombre para que no fuera tan pálido ni tan mantuano como lo presentó la iconografía de su época; para que su figura fuese resumen del una mezcolanza con las clases humildes de la sociedad a las cuales el laborioso investigador y profundo intelectual y aguerrido adalid decía representar. Por la misma razón que tuvo el “Cristo de los pobres” para decir que el ejército que comandaba era el mismo que peleó contra España y logró la libertad de América Latina, sin considerar el detalle de que esas gloriosas tropas habían desaparecido para siempre después de la faena nada gloriosa que intentaron contra el honorable presidente José María Vargas en 1835.

La “revolución” quiere cambiar los recuerdos. Necesita una memoria que le conceda fundamento a sus inconsistencias. Fracasará en el empeño, como fracasaron los bolcheviques cuando trataron de imponer una historia a su medida que se convirtió en polvo cuando la Madre Rusia volvió por sus fueros; o como perdieron su faena los falangistas españoles en la imposición de versiones del pasado que se volvieron polvo cuando murió Franco. Pero no debemos esperar a que el tiempo haga su trabajo, a que el futuro arregle las cuentas de la actualidad cuando rescate los testimonios de republicanismo que el régimen quiere borrar porque conspiran contra su hegemonía. Los manuales como el que hoy ocupa nuestra atención son un calco de los procedimientos pedagógicos que se usan en Cuba para hacer de la población una manada de borregos. Son la sumisa imitación de una enseñanza cuyo propósito es la negación del derecho que tienen los ciudadanos de pensar según su albedrío desde cuando tienen uso de razón. Sucesos como este de una obrita que sugiere a los niños venezolanos la existencia de un antiguo vínculo de intimidad entre dos proyectos dictatoriales, que propone antecedentes capaces de legitimar la dependencia de Venezuela ante Cuba, deben mover nuestras conciencias antes de que el mal se extienda.

 epinoiturrieta@el-nacional.com