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Jonathan Reverón

La revolución al caletre

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En el colegio Nuestra Señora de La Merced de Caraballeda, tuvimos de todo, como todos los colegios. Unos profesores siempre se mencionan con más cariño que otros; el paso del tiempo también te hace despertar, y hasta interpretar, recuerdos de otra forma. El profesor de Historia de Venezuela (el mismo que luego nos dio Historia Universal), nos hacía abrir el libro en el tema del día y leíamos uno por uno en voz alta.

Había días en que “el Profe” complementaba nuestra lectura con algún comentario jocoso, haciendo analogías con la actualidad de entonces, el gobierno de Caldera, de quien él era opositor. En sus explicaciones dejaba clara su firme posición de apoyo a los pobres y a las clases más ninguneadas -para precariedad Vargas, antes, y peor aún, después de la tragedia-. Este catedrático finalizaba la clase dictando 40 preguntas, de las cuales 20 aparecerían en un examen, un punto cada una. Al finalizar tomaba su maletín y gritaba: "¡Patria o muerte!". Y algunos de nosotros "¡Venceremos!".           

El domingo pasado contemplé desde el carro a un grupo de la milicia organizada en el extremo oeste de la avenida Libertador, muchos se hacían fotos con sus teléfonos de tercera generación, otros comían raspados de fresa con leche condensada y uno de ellos dirigía el tránsito que seguía su ruta hacia el centro de la ciudad. Alguien dictaba, ellos repetían: “¡Chávez Vive, la lucha sigue!”. ¿Tienen un sueldo?, ¿Ese es su único trabajo?. A la hora de un enfrentamiento que los obligue a defender la revolución, ¿cuántos saldrán a poner su vida en peligro? Hasta donde ese caletre se te mete en la sangre, en qué momento ese venezolano convierte eso en dogma. Eran filas y filas de todas las edades, muchos a punto de, o, en la tercera edad.

He olvidado todo lo que memoricé en el bachillerato, mi recompensa eran los 20 puntos. ¿Sigue siendo la única motivación del venezolano un salario?, ¿Hay un contenido humanístico que realmente sientan los milicianos? Los niños que dibujan a Chávez en sus aulas también tienen la recompensa del visto bueno de un maestro. Mi profesor de Historia, por cierto, ya no cree en la revolución bolivariana. 

 

@elreveron