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Eddy Reyes Torres

La revolución bonita: una brizna de paja en el viento

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Los líderes de esta revolución fueron insistentes en pregonar que, en los tiempos de la democracia puntofijista, los pobres comieron alimento para perros (Perrarina). El aserto no fue más que una mentira repetida miles de veces, hasta lograr convertirla en una “verdad”.

Decir, sin embargo, que en ese período no hubo venezolanos mal alimentados o desnutridos por la falta de una ingesta balanceada, sería también una falacia. A lo largo de toda nuestra historia sectores marginados de nuestra sociedad se han alimentado de manera precaria y han padecido diferentes niveles de desnutrición. No es necesario recurrir a las estadísticas y estudios realizados por diferentes instituciones del Estado, universidades nacionales u organizaciones privadas sin fines de lucro, para constatar esa realidad.

Es un despropósito pensar que alguno de nuestros gobiernos pasados haya tenido como objetivo de su gestión hacer sentir hambre al pueblo. Eso, obviamente, no lo libera de las responsabilidades que tenga en ese sentido por haber puesto en práctica políticas públicas y macroeconómicas que hubieren sido factor determinante de ese y otros tipos de males.

Pero llegó la revolución bonita y los parámetros razonables rompieron todas las escalas. Efectivamente, lo que hoy acontece en Venezuela, en ese campo, es una real calamidad. Como en los peores momentos de nuestra Guerra de Independencia y las posteriores guerras civiles, lo que vivimos ahora es simplemente desolador e inconcebible. Ya los expertos hablan de los efectos perniciosos que eso tendrá en la talla de muchos de nuestros niños y jóvenes, por solo mencionar un aspecto nada banal entre otras muchas consecuencias.

No hay que hacer densos análisis para demostrar que en esta ocasión el desastre tiene su origen en erradas decisiones del régimen en materia de control de cambio, emisión de dinero, manejo de los fondos públicos y estatización de empresas del sector privado. Esas políticas, no lo duden, son el factor desencadenante de los saqueos que se vienen produciendo a nivel nacional, afectando hasta ahora a pequeños abastos, supermercados, centros de abastecimientos, fábricas, medios de transporte terrestre y, más recientemente, una gabarra cargada de alimentos que iba a abastecer el centro de acopio de Mercal en San Francisco de Guayo del Bajo Delta, estado Delta Amacuro. Y no está demás señalar que dichas acciones son simplemente las consecuencias del hambre que se ha generalizado como resultado de los altos niveles de escasez y los exorbitantes precios de productos como huevo, carne, pescado y hasta alimento para los perros. ¡Qué ironía eso último, ¿no?!

Como muy bien lo apuntaba la periodista de El Nacional, Gitaniali Wolfermann, en un artículo publicado el pasado 2 de este mes, ahora lo que tenemos es una serie de mini Caracazos que se multiplican en muchas ciudades del país.

Venezuela regresará a la normalidad cuando se adopten las medidas indispensables para ese propósito, lo cual, grosso modo, impone lo siguiente: derogar el régimen de control de cambio que se estableció el 5 de febrero de 2003, que ha sido una fuente inagotable de corrupción; suspender el financiamiento monetario que ha otorgado el Banco Central de Venezuela al gobierno y a Petróleos de Venezuela; privatizar las empresas que fueron expropiadas por el Estado a partir del año 2007 y que hoy no son más que elefantes blancos hundidos en el estiércol; derogar la Ley Orgánica de Precios Justos que sólo ha servido para cerrar arbitrariamente negocios y regular los precios de los productos y servicios de espalda a sus costos reales, todo lo cual ha contribuido a generar e incentivar las prácticas del bachaqueo; y acordar un plan de ajustes con el Fondo Monetario Internacional, paso indispensable para renegociar nuestra deuda externa y obtener además recursos frescos de la banca internacional.

Maduro y sus seguidores buscan desesperados una salida que los mantenga en el poder hasta el 2018, sin importarles el sufrimiento que le ocasionan a la gran mayoría de la población, y sin tener en cuenta que su revolución ya se transformó en una brizna de paja en el viento.

 

@EddyReyesT