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Luis Giusti

El retorno de Irán

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Desde hace ya tiempo existe la percepción general de que los países árabes del Medio Oriente, disgustados por el intervencionismo de Teherán en el mundo árabe, y temerosos ante el prospecto de tener un vecino con armamento nuclear, se oponen tenazmente a la reintegración de Irán a la comunidad global. A eso se sumaría el hecho de que recientemente se han visto alarmados por el acercamiento entre Washington y Teherán.

Sin embargo, el ministro del Exterior de Irán, Mohammed Zarif, fue bienvenido en cuatro países del Golfo Pérsico: Omán, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Kuwait. Zarif manifestó que “fue un gran viaje, y todos los anfitriones expresaron su disposición a expandir los nexos con Irán”. En un claro gesto de paz, en la reunión de la OPEP en Viena la pasada semana los ministros petroleros de ambos países se saludaron con abrazos y besos (muy a la usanza entre árabes, pero no entre iraníes). ¿Qué se podría deducir de este abrazo público entre rivales históricos?

Las monarquías del Golfo han mantenido siempre abiertas líneas de comunicación con Irán aunque sus relaciones fueran malas, pero esta vez parece diferente. Zarif ha hecho un esfuerzo concertado para actuar como pivote de enganche con el mundo occidental, el cual resultó en un histórico acuerdo en torno a su programa de energía nuclear. En palabras de Zarif: “La paz y la seguridad de nuestros vecinos, son la paz y la seguridad de Irán”. Adicionalmente, aconsejó no dejarse “atrapar” por las mentiras y el terrorismo extremista, en una referencia casi directa a los grupos de Al-Qaeda en Siria.  

La recepción en el Golfo ha sido de precaución, pero han venido apareciendo indicaciones de optimismo, ya que muchos ven beneficios para la región resultantes de un Irán activamente vinculado a la economía global. EAU ha sido siempre uno de los más desconfiados respecto a las intenciones regionales de Irán, pero Zarif visitó al emir Sheikh Khalifa bin Zayed al-Nahyan. EAU raramente pierde la oportunidad de censurar a Irán por su toma unilateral en 1971 de tres islas en el golfo. Zarif logró un compromiso del emir de visitar Teherán “más adelante”, y por primera vez en mucho tiempo la agencia de noticias de EAU no hizo mención ninguna de las islas.

Una reunión con Arabia Saudita sigue siendo elusiva, y constituye el más importante objetivo de Zarif, quien dejó la puerta abierta para conversaciones “cuando nuestros hermanos sauditas estén listos”. Especulaciones de una visita del presidente Hassan Rohani han quedado acalladas, pero el deseo de Irán de conectarse con Riyadh es muy claro, aunque hay profundos desacuerdos en torno a Siria y al programa nuclear iraní.

Pero el petróleo es un área en la cual un compromiso parece factible. En la reunión de OPEP no hubo indicación alguna de que los sauditas bloquearían el retorno de Irán al mercado petrolero, como muchos habían pronosticado. El ministro de petróleo iraní, Bijan Zanganeh dejó en claro que espera que los miembros de la OPEP contengan la producción a fin de abrir espacio para Irán. “OPEP tiene larga experiencia en ese tema, por casos similares con otros países, y la OPEP supo abrirles espacio”, añadió Zanganeh.

Arabia Saudita desechó una posible guerra de precios, y el mensaje colectivo de los ministros fue que la economía está mejorando en Estados Unidos y Europa, creando espacio suficiente para que cada quien pueda bombear en un rango razonable. Otra suposición detrás de ese optimismo, no expresada públicamente, es que siempre se producirán interrupciones en diversos puntos, que permitirán a los países del Golfo bombear en sus rangos de confort.

Finalmente, durante la reunión en Viena, Zanganeh anunció planes de subastar sus campos petroleros más importantes, tan pronto como sea políticamente factible. El ministro petrolero iraní está decidido a llevar de nuevo la producción de su país a 4,2 millones de bpd, y está preparado para enfrentar al Parlamento ultranacionalista y la dura legislación vigente, para llevar al país las petroleras internacionales.