• Caracas (Venezuela)

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Carlos Delgado Flores

El reto

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Este será un año inolvidable, crucial, para el futuro de Venezuela y del mundo. Parece una afirmación un tanto manida, pero quiere este escribidor que así no sea, y para ello intentará compartir con el lector algunos enunciados que nacen de la observación, sin aspirar con ello a la profecía.

En el mundo baten los tambores de guerra, pero también hay avances hacia la paz. Daesh (Estado Islámico) representa la alianza de las subalternidades contra la modernidad occidental y acaso también contra los intentos de muchas naciones periféricas por concretar sus propias modernidades. La guerra territorial tiene el agravante de la posibilidad de muchos frentes en todo el mundo, ante los cuales no podrá invocarse la tesis de Huntington del choque de civilizaciones, porque implicaría la condena étnica en vez del ejercicio de separar la paja del grano, allende o aquende, para que prevalezca la justicia en procura de la paz, ante lo cual ni los nacionalismos tecnocráticos, ni los socialismos nacionales lucen como frenos suficientes ante lo que luce como el estallido de los conflictos interculturales en el contexto de la globalización.

Por otra parte el proyecto moderno requiere revisión porque en su seno está ocurriendo una inflexión profunda representada por la Sociedad del Conocimiento que corrige la modernidad ilustrada, racionalista, individualista y competitiva, apuntando hacia una modernidad oral, comunitaria, en red. Se hacen indispensables otras formas de recomponer el centro democrático, garantizándole a las democracias de todo el orbe la libertad para el discernimiento de sus ciudadanos, fortaleciendo los modos democráticos de deliberar y decidir. Y para ello resultarán indispensables otras formas de inteligencia política que procuren marcos para que estos centros puedan operar. De entre esos marcos posibles uno lo constituye el cuádruple encuentro entre el liberalismo de izquierda propulsado por el ala izquierda del partido demócrata; el desarrollo de iniciativas hemisféricas contra el narcotráfico; la iniciativa ecuménica de El Vaticano a partir de la Encíclica Laudato Si y de las gestiones del papa Francisco por llevar a cabo una reforma pastoral general; y el Sistema de Naciones Unidas a partir del compromiso adquirido al final de la COP21, el consenso de París. Algo de eso deberá brindar a la región latinoamericana la posibilidad de actualizarse en esa perspectiva, ahora que parece darse un giro desde la izquierda de impronta marxista alineada con el Foro de Sao Paulo e impulsada por la avanzada negociación de paz en Colombia y el inicio de la transición cubana con la normalización de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, hacia una centro-derecha que debe lograr trascender el techo autoimpuesto por la tecnocracia.

Venezuela no se sustrae al juego en este gran tablero, pese a que el conflicto criollo pareciera transcurrir a espaldas. La decisión de cambio dada por los ciudadanos el 6-D y la reacción radicalizada del gobierno ubican el conflicto de poderes en un marco que combina institucionalidad y acción de calle. La MUD presentó su oferta legislativa para este periodo y no faltará quien desde sus áreas de acción reclame y argumente su inclusión en la dinámica de un parlamento representativo de toda la República y no de una corporación hecha para construir un estado de excepción que legitime la acción del estado contra el ciudadano, como anteriormente se tenía. Pero los reclamos suponen que el ciudadano se organice para cerrar filas con sus representantes, en función de construir consensos en torno al significado del cambio; que en nombre de la libre asociación se construyan correajes que articulen el espacio del legislador con los espacios de deliberación y acuerdo que una sociedad civil en busca de su democratización sea capaz de procurarse. Se tratará, ciertamente, de una redistribución del poder que preserve y fortalezca las autonomías, así como la capacidad que ellas tengan de hacer causa común para rescatar la democracia y reconciliar el país y para ello se requerirá del concurso de todos, en todos los ámbitos, para poder avanzar en ese objetivo. Hay una gran oportunidad, no podemos desperdiciarla.