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César Pérez Vivas

El reto de la nueva asamblea nacional

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Inicia sus funciones la Nueva Asamblea Nacional, elegida por el pueblo de Venezuela el pasado 6 de diciembre de 2015. En la actual coyuntura de nuestra patria,  al nuevo parlamento le espera uno de los más grandes desafíos de la vida política de nuestra historia contemporánea.

Se trata de restituir la vida democrática de la nación, preservar la esperanza en la existencia de una patria de oportunidades para el conjunto de los ciudadanos, unificar nuestro espíritu de nación, y abrir los causes para el progreso y crecimiento  humano.

La elección e instalación de la Asamblea Nacional es el comienzo de un cambio, que debe continuar hasta la total restauración del estado de derecho, para lo cual se requiere preservar la unidad democrática, y una adecuada concertación de las iniciativas políticas en el tiempo y en el espacio.

No es poca cosa,  es ese el reto que tiene la nueva Asamblea.

Y precisamente la Asamblea por ser el  eje de  la representación nacional, y por lo tanto centro del debate político y rector de la agenda de cambios, que todos esperamos impulsar y conseguir para el bien de nuestra querida Venezuela.

La sociedad democrática, por lo tanto, tiene en la Asamblea su referente más importante en la hora presente. Porque más allá de las importantes limitaciones que como institución tiene, tanto desde su concepción en el propio texto constitucional, como en su deformación, bajo la conducción del militarismo primitivo que ha sufrido; está en condiciones de cumplir esa misión. Para ello es menester y esencial entender su naturaleza, sus competencias, sus reales  posibilidades para que la confianza depositada con la masiva participación en las urnas, se preserve. Es un deber de los diputados ya en funciones, de los partidos políticos, de los comunicadores sociales, de los formadores y orientadores de la opinión pública desarrollar una orientación adecuada de esta tarea, y así elevar los niveles de comprensión política de nuestros ciudadanos.

La Asamblea como parlamento no sustituye al gobierno. Como bien sabemos cada rama del poder público tiene sus funciones, definidas en la constitución y las leyes. Y si bien es cierto que la Asamblea tiene la misión de cohabitar institucionalmente con las demás ramas del poder público, y con sus diversos niveles, la profundidad de la crisis política, económica y social; así como la indisposición  de la cúpula roja para rectificar a fondo y para el dialogo, hace obligante a la dirigencia política democrática, representada de manera significativa,  pero no absoluta, en la nueva Asamblea, a asumir como un reto fundamental,  la tarea de profundizar el cambio que el pueblo asumió y ejecutó. 

La inusual participación en la elección parlamentaria, y el tamaño de la confianza otorgada a los partidos democráticos, aglomerados en la Mesa de la Unidad Democrática, convirtió en mandato popular esa importante misión.

Los ciudadanos deben prepararse para una nueva etapa en la vida política de nuestro país. En lo que va de siglo, el parlamento ha sido una rama del poder público sometido a los dictámenes del gobierno. La Asamblea ha sido una casa de segundones. Los diputados, en su mayoría, no representaron los intereses de los ciudadanos, y mucho menos, los de las regiones que los eligieron. Eran funcionarios de segunda categoría, a las órdenes de Miraflores.

Por primera vez en este siglo veremos a un poder autónomo, y observaremos un verdadero pluralismo en la representación nacional. Y lo veremos, no solo porque se expresaran claramente las dos grandes corriente de la nación, la que representa al modelo autoritario, sino también,  la que representa a la sociedad democrática. Y además,  se podrán apreciar las diversas corrientes existentes en el seno de esa sociedad democrática. Sus especificidades, sus liderazgos, sus aportes, sus intereses legítimos aparecerán en la escena, sin que por ello podamos incomodarnos, y sin que ello signifique dejación del compromiso unitario. Ese es el pluralismo político e ideológico, típico de una sociedad democrática.

Como apreciamos, el conjunto de objetivos, de retos planteados para nuestro nuevo parlamento son inmensos. Confío que en nuestra representación nacional hay el talento, el patriotismo, la experiencia, la innovación, y sobre todo la inmensa voluntad de cumplir ese compromiso.

No faltaran las decepciones. Son también ellas, de la naturaleza humana. Lo significativo es valorar el esfuerzo de conjunto que ya empezamos a apreciar en la voluntad democrática que ánima la nueva representación nacional. Y una clara muestra de esa voluntad es la forma como se han seleccionado a los parlamentarios que presidirán la nueva directiva de la Asamblea. Un ejercicio democrático en su seno, en el que debe valorarse la capacidad de integración, en la que la diversidad ha encontrado un cauce para expresarse en el marco de la unidad, y que en definitiva marca una nota diferencial con el modelo cuartelario del parlamento fenecido.

La designación de Henry Ramos para presidir el primer año de la nueva legislatura,  ha demostrado más allá del reconocimiento a su inteligencia, a su capacidad y a su dilatada trayectoria política y parlamentaria, una forma de comportamiento de la unidad democrática, que debe preservarse para seguir avanzando en los cambios profundos que debemos continuar construyendo y concretando.