• Caracas (Venezuela)

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Oscar Shariff Hernández

La respuesta la tiene el Ávila

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En este momento escribo justo al regresar de mi reciente aventura en una de las cimas más imponentes de Caracas: el pico Oriental (2.640mts), segunda cumbre más alta del Ávila.

En esta oportunidad subimos mi amigo Juan Andrés Delfino y yo, con las condiciones del tiempo no favorables (un día largo de lluvia en la ciudad, la montaña completamente tapada por cargadas nubes) y un pronóstico para nada alentador. Decidimos subir a las 8:00 pm con el objetivo de ver el amanecer en la cima del pico, lo cual sería nuestra recompensa.

La subida tuvo sus diferentes etapas: en la primera parte comenzamos con fuerza entre los arbustos de Cachimbo con temor a encontrarnos algún extraño buscando robar durante la noche. La segunda parte del ascenso fue de Piedra del Indio hasta la nube más cercana. Mientras subíamos podíamos admirar la maravilla de nuestra Caracas prendida en luces, escuchar la música de las fiestas desde Petare hasta el Country Club. El último trayecto fue de Cabeza del Elefante al pico Oriental, donde nos sumergimos dentro de la nube que tapaba la montaña y nos encontramos con la lluvia y el viento que casi nos impedía atravesar el camino. Sin duda, el último tramo fue agotador; entre el palo de agua y los vientos que te empujaban fuera del camino, pisadas inestables entre riachuelos formados por la insistente lluvia y sin visión de cuánto faltaba para llegar.

Logramos la cima en menos de 3 horas, llegamos a la cumbre emparamados, montamos campamento en el refugio más cubierto, compartimos algo para comer y echamos cuentos hasta que nos dormimos.

Aunque el amanecer estaba nublado, nos permitió descansar un poco más y salir a ver Caracas despejada en el mirador donde está la Cruz de Los Palmeros.

En el descenso, de regreso a Caracas, nos encontrábamos con la gente que visita el Ávila los fines de semana (unos más perdidos que otros). Esto me dio oportunidad para reflexionar sobre la influencia que ha significado el Ávila en nuestro desenvolvimiento como ciudadanos de Caracas.

Algunos apreciamos la montaña como un monumento majestuoso de la ciudad el cual cambia de colores durante el año, los reflejos del sol le dan diferente presencia todos los días y siempre nos tomamos unos segundos para apreciar su vista; pero otros la consideramos un estilo de vida, un escape a los problemas de la ciudad, un lugar donde hacer ejercicio o un espacio para meditar. Sin duda la mejor psicóloga es el Ávila, porque en ella descargo mis pensamientos, alegrías, despechos, problemas y siempre salgo de la montaña con una respuesta o solución a las interrogantes.   

Estoy convencido de que el contacto que tienen las personas con esta montaña influye positivamente en el comportamiento que tenemos como ciudadanos de Caracas. Nos educa indirectamente sobre las maravillas de la naturaleza, la importancia de la conservación del medio ambiente, un lugar de encuentro con personalidades de la ciudad, que sufrimos el fuego que agarra por efectos de la sequía y vemos como se vacían sus venas de agua por los niveles de los ríos en época de verano.     

El Ávila es una bendición para los que vivimos la adrenalina de la ciudad que puede ser Caracas, para lo cual es importante poder frecuentar algunos de sus tantos paseos y comenzar a crear una conciencia sobre las bondades de las que nos nutre esta montaña para convertirnos en mejores ciudadanos y más comprometidos por un desarrollo sustentable.   

Siempre he pensado que las personas que más aman a Caracas lo hacen porque la han caminado hasta alguna de sus cimas, logrando así entender y apreciar su crecimiento y desarrollo entre valles de montañas.