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Miguel Ángel Cardozo

Por responsabilidad ciudadana y no por la diosa Fortuna

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A propósito de las inquietudes que mi artículo de la pasada semana –intitulado “Las ‘condiciones’”– generó el día de su publicación en El Nacional en una de sus respetables lectoras, respondí a la sazón lo siguiente:

“Hay que terminar de entender dos cosas: primero, que las propuestas democráticas de la oposición –tales como protesta, renuncia del presidente (la cual se vislumbra poco probable), recuperación del control del Parlamento, entre otras– no son mutuamente excluyentes –y, de hecho, aún no se ha planteado un argumento con la validez suficiente para sustentar lo contrario–; y segundo, que el éxito en la ardua tarea de restablecer la democracia en Venezuela dependerá, casi exclusivamente, de nuestra determinación –y por ‘nuestra’ me refiero a la de toda la oposición– a no seguir permitiendo que de manera olímpica se ignore la voluntad de la mayoría.

”De nada sirve, por ejemplo, un llamado del tipo ‘calle sin retorno’ si no se está verdaderamente dispuesto a permanecer en la calle así los cadáveres se apilen por doquier como resultado de la represión del régimen.

”Tampoco sirve de nada el desgañitarse pidiendo la renuncia de Maduro si no se está dispuesto a desconocer con coraje cualquier inconstitucional sentencia con la que se pretenda evitar el cabal cumplimiento de lo que se estipula en el artículo 233 de la Constitución.

”Ni mucho menos servirá el obtener una mayoría en el Parlamento si toda la oposición no está dispuesta a acompañar a sus diputados en la calle y en el mismo Palacio Federal –tanto en el proceso de desmantelamiento del perverso tinglado ‘legal’ que durante 16 años ha construido el chavismo como en la labor de saneamiento de los demás poderes públicos–”.

De todo esto se desprende que el reto no es ya escoger entre las mencionadas propuestas dado que parece haber quedado claro, de una vez, que en la pacífica y democrática lucha por la democracia hay que “pelear” a un tiempo en diversos frentes, sino que cada ciudadano asuma con responsabilidad su protagónico rol en esta causa, dejando definitivamente de esperar que algún “otro” haga lo que la ciudadanía en conjunto debe hacer.

Esto significa, por ejemplo, que no se puede seguir apartando la mirada y con indiferencia proseguir la lenta procesión hacia la nada cuando con desmedido furor los desalmados esbirros del régimen se arrojan sobre algún joven que, con más orfandad que tinta, expresa francamente sus anhelos.

También implica, sí, aquel trillado “nos necesitamos todos”, tanto los distintos sectores de la sociedad civil como aquellos de las fuerzas armadas que sí se conciben subordinados a un auténtico Estado de Derecho y a los intereses de su pueblo.

¿O qué fue lo que aseguró el triunfo de la democracia aquel 23 de enero de 1958? ¿Habría resultado acaso esa jornada como lo hizo sin la decidida participación de demócratas uniformados?

Por supuesto, las distancias entre ese contexto y el actual son enormes, y no se trata de embarcarse en una suerte de aventura de emulación de eventos históricos, sobre todo porque lo planteado ahora no es una efímera gesta por Fortuna bendecida sino un bien pensado y coordinado proceso de necesarios cambios, lo que cobra hoy mayor pertinencia dada la más reciente y perversa versión del “como vaya viniendo vamos viendo”: el “Dios proveerá”.

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

 

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

@MiguelCardozoM