• Caracas (Venezuela)

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Tulio Hernández

La resistencia democrática

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Hoy, domingo 8 de diciembre, cuando se publique este artículo, los venezolanos vivirán la curiosa experiencia de participar en un nuevo proceso electoral, las elecciones municipales, y al mismo tiempo, durante el mismo día, presenciar o asistir a la celebración de el Día de la Lealtad y el Amor al Comandante Supremo Hugo Chávez y a la Patria, instaurado de manera oficial por el decreto 54 firmado publicado en la Gaceta Oficial N° 40.286.

Que exista un día de la "lealtad" y el "amor" por un jefe político recién muerto es algo de por sí rebuscado, tanto como la creación de un Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del pueblo, pero que la celebración sea instaurada a última hora el mismo día en que se realizan unas importantes elecciones en todo el país, tiene que generar, incluso en el alma más inocente, la sospecha de que se trata de un acto de ventajismo electoral.

Y así ha ocurrido. Desde que se conoció la decisión, como ocurre con casi todos los hechos noticiosos del país, las posiciones han sido encontradas. Para los analistas y voceros de la opción democrática no queda duda: se trata de un acto evidente, impúdico, arrogante y por demás elocuente de ventajismo electoral. Para los del gobierno tampoco: se trata, como lo ha dicho la presidenta del Consejo Nacional Electoral, de un acto apegado a la ley, de un derecho; o como lo ha declarado el presidente de la Asamblea Nacional, una decisión irreversible. "Chillen escuálidos, chillen amargados, pero ese día es del amor y la lealtad a Hugo Chávez y a la patria", asevera el teniente Cabello en su ya bien conocida metodología de tratamiento a los adversarios.

Imagino que no va a ser un domingo fácil. Mientras que, de un lado, el aparato gubernamental y una parte de los electores estarán dedicados plenamente a la tarea de realizar actos conmemorativos que exalten en todo el país el pensamiento bolivariano de Hugo Chávez y su amor infinito al pueblo , tal y como lo ordena el decreto; del otro, aquella parte de los electores que no tiene lealtad alguna que recrear, porque adversa y se opone al proyecto político que el jefe muerto concibió, tendrá que soportar algo muy parecido a una campaña electoral realizada en el momento mismo de las votaciones.

En realidad no es nada nuevo. Los venezolanos de la opción democrática han tenido que tragar grueso ante las diversas formas de ventajismo que el proyecto rojo ha puesto en práctica instituyendo una modalidad de funcionamiento que consiste en mantener la máscara democrática pero eliminando uno de sus valores fundamentales: la autonomía de poderes Muchos ciudadanos, cansados, cuelgan los guantes y deciden que da igual votar que no votar. Pero, con todo respeto, se equivocan. Lo que ha demostrado este largo suplicio de la llamada revolución bolivariana es que el crecimiento de la opción democrática, la posibilidad real de consolidar una nueva mayoría, ha sido el resultado no de la abstención sino de la participación activa en procesos electorales que, incluyendo el triunfo en las consultas del 2-D y la obtención de más votos que los rojos en el total de las elecciones legislativas de 2010, ha ido poniendo en evidencia que el socialismo del siglo XXI elección a elección viene perdiendo apoyo.

En todo caso hoy todos estaremos llamando a votar, los oficialistas lo harán invocándolo como un acto de lealtad y amor por el comandante supremo y los demócratas invocando la democracia y el respeto a las normas y la constitución. La resistencia democrática que no cede