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Gustavo Roosen

La reputación amenazada

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Hay un aspecto de la amenaza del gobierno contra la empresa privada a la que no se presta suficiente atención. Es la amenaza al buen nombre, al prestigio, a la reputación corporativa. Se inserta en un proceso de destrucción de los valores, de debilitamiento de las instituciones, de instauración del abuso, de condena a la excelencia y exaltación de la mediocridad.

En abierta contradicción con las eventuales declaraciones oficiales en las que se hace alarde de llamados a la empresa privada, las acciones del gobierno –inspiradas en un modelo probadamente ineficaz o presionadas por la urgencia de recuperar apoyo popular– insisten en la estrategia de buscar en agentes externos, y entre ellos, la empresa privada, el culpable de su propio fracaso, sin percatarse de que al hacerlo no logran otra cosa que profundizarlo. Ahora bien, el foco de la amenaza no siempre son los bienes tangibles, sino el intangible y muy preciado bien del buen nombre, de la reputación. Se comienza con la descalificación genérica o particularizada, se sigue con la advertencia velada o explícita, luego la construcción de un pretexto cualquiera, la acusación, el insulto, la condena antes de todo juicio, la repetición del discurso acusador por todos los medios y en todos los tonos y, a veces, finalmente, el olvido, hasta un nuevo caso o un nuevo objetivo.

Las personas saben lo que vale su buen nombre. Las empresas también. Y saben lo mucho que hay que hacer para merecerlo y para conservarlo. La reputación corporativa en particular tiene que ver con los valores, el comportamiento, el compromiso de la empresa con sus accionistas, clientes y empleados, su sentido de responsabilidad social y el honesto manejo de las relaciones laborales. Se nutre de sus acciones, de la calidad de los productos que ofrece, del servicio que presta, de la atención a sus públicos, de su capacidad de innovación, de su interés por las causas de la comunidad y el ambiente, de la atención permanente al detalle, de la capacitación del personal, de la concepción del cliente como lo primero. Es el reconocimiento positivo de la gente, de sus socios, clientes, proveedores y empleados. Es esa percepción que se expresa en respeto, admiración, confianza, interés.

En la medida en que la reputación de una empresa responde a su buena actuación el ganador es la comunidad, a la que la empresa ofrece bienes y servicios de calidad. Dañar el prestigio de una empresa que está cumpliendo con sus obligaciones es, en consecuencia, afectar a la comunidad. Es el caso, por ejemplo, de Farmatodo, cadena de farmacias 100% venezolana, inspirada en una cultura de innovación, transparencia, ética, calidad, buen servicio y compromiso con los clientes, los colaboradores y la comunidad. Sometida ahora arbitrariamente a un procedimiento administrativo y a la privación de libertad de dos de sus gerentes, puede reiterar con firmeza sus valores y probar una actuación ajustada a ellos. ¿Será suficiente? No si el empeño oficial sigue siendo acosar, destruir, justificar el abuso con el pretexto de una pretendida guerra económica o de una fantasiosa conspiración. Al mantener esta actitud el gobierno está atentando contra un prestigio bien ganado y contra una institución que presta un servicio eficiente a la comunidad. Y está dejando de ver que el nuevo fenómeno del “bachaquerismo” no ha sido creado por las empresas sino por la escasez que alimenta la especulación, que el desabastecimiento no se combate con controles artificiales sino con producción, que el caos que sufrimos es consecuencia de fallas estructurales de la economía y de la incapacidad para enmendarlas.

El país no gana con el desprestigio de las empresas y de las instituciones, con la pérdida de confianza en ellas, con el acoso a la excelencia, con la siembra de dudas, con el ataque a ese capital incalculable del buen nombre. El encarcelamiento de los directivos de Farmatodo y Practimercados Día Día y otras acciones recientes contra otras compañías suman nuevos actos de abuso de poder que hacen daño a las empresas, pero que, además, contribuyen a empeorar la escasez.

nesoor10@gmail.com